Las tensiones de la transculturación
y el Norte Caribe Colombiano:
Una nueva formulación
Gina María Villamizar
Desde los anales de la historia y a partir del contacto entre diferentes culturas y sociedades, e igualmente a raíz de las colonizaciones europeas, se han venido dando procesos de intercambio que han tenido repercusiones sobre la cultura, el arte y la literatura en América Latina. La transculturación y otras nociones como la hibridez y la heterogeneidad, han sido las tendencias y los modelos desarrollados por intelectuales para mejor comprender y definir estos procesos. Es por ello que pensadores y estudiosos han debatido durante décadas si realmente estas categorías legitimizan o dan cuenta de los procesos culturales y literarios por los que ha atravesado la región. A pesar de esto, los modelos tienen en la actualidad aplicabilidad y todavía se discute en torno a ellos. En este caso en particular, nos centraremos en la noción de transculturación. En 1940 Fernando Ortiz [1], antropólogo cubano, es el que primero propone el término transculturación. Posteriormente, es Ángel Rama quien retoma esta noción aplicándola a la cultura específicamente, entendiendo la transculturación como esa facultad de las culturas nativas de transformar la influencia de otras sociedades y adaptarla a la propia. Lo anterior se da, no anulando los valores y la idiosincrasia de la comunidad receptora, sino que ésta en su capacidad creadora hace una reestructuración de su cultura, producto de la interacción entre la propia herencia particular y la contribución externa.

La definición y aplicación que realiza Rama de la transculturación en el ámbito cultural y literario se tendrá en cuenta en este trabajo para demostrar que la manera en que esta última ha sido definida y aplicada crea tensiones. Con este análisis me propongo entonces trabajar sobre el concepto de transculturación y de cómo entra en conflicto cuando se desarrolla a partir de dos cuentos del escritor barranquillero José Félix Fuenmayor [2]. El fin de este estudio es poner a la luz cómo este concepto se contrapone a las ideas que defiende, surgiendo entonces el interrogante de cómo pensar la transculturación a partir de las periferias o si en realidad este concepto exige una revisión para que pueda seguir teniendo aplicabilidad en los procesos históricos culturales latinoamericanos. De igual forma, este trabajo se propone repensar el Caribe colombiano y su literatura más allá de García Márquez, ya que detrás de este gran escritor se pueden encontrar tesoros literarios que han tenido poca representación a nivel nacional, pero no por ello tienen menor validez, de ahí que tomamos como eje de esta discusión la obra del escritor José Félix Fuenmayor.

Si tomamos como punto de partida las premisas de Rama, la transculturación literaria es entendida como
un examen revitalizado de las tradiciones locales, que había ido esclerosándose, para encontrar formulaciones que permitan absorber el influjo externo y disolverlo como un simple fermento dentro de estructuras artísticas más amplias que en las que siga traduciendo la problemática y los sabores peculiares que venían custodiando. (Rama, en Morerias, 214)
Para Rama la transculturación es un proceso de intercambio cultural que se da cuando una cultura subordinada entra en contacto con otra metropolitana y a partir de este encuentro, la cultura menor absorbe elementos y formas de la otra y los transforma a su propia realidad. En este sentido, este proceso se da a partir de “la incorporación de nuevos elementos de procedencia externa […] mediante una rearticulación total de la estructura cultural propia (regional)”. (Rama, en Moreiras, 214) Esta aseveración encuentra el primer eslabón cuando entra en aplicabilidad con los cuentos de Fuenmayor, ya que en ellos se ven representados los efectos que produce el contacto entre la metrópoli y la periferia, aunque de una manera diferente a como la plantea Rama. Trabajaremos por ello sobre “Utria se destapa” y “Con el doctor afuera”, ambos parte de su colección de cuentos La muerte en la calle [3]. En estos cuentos encontramos dos personajes similares, campesinos, trabajadores de la tierra y con un gran conocimiento sobre ella. A pesar de tener el mismo origen, Utria sufre por su condición de jornalero, él no quiere ser campesino, se avergüenza de su profesión, de su ser, de su forma de hablar, de sus amigos. En él vemos el efecto de lo que Rama denomina “the influence of external metropolises.” (Rama, 136) Este campesino debe trasladarse de la finca, lugar de origen, al pueblo y del pueblo a la ciudad para cumplir con las tareas establecidas por su patrón, el señor Manuel. La ciudad, que para Utria representa la gran metrópoli, es Barranquilla. De ahí que sufre el impacto de salir de una población pobre, rural, a la que los efectos modernizadores del progreso no han tocado todavía, para exponerse directamente a la influencia de lo que para él es la gran metrópoli. Los efectos de este contacto empiezan a manifestarse por el malestar de Utria al llegar a la ciudad y no querer que se le reconozca como campesino
La cosa es que no me gusta pasar con machete por la ciudad para que del porrazo la gente me calcule hombre de monte. (Fuenmayor, 65)
Se apretaba el machete al costado derecho, la empuñadura contra las costillas, la punta hacia el suelo. El que me venga delante no me importa, porque atrás no tiene ojo que vea. Al que me siga por la espalda lo obligo a fijarse más que la lechuza. Cualquiera que me alcance por la izquierda tendrá que agacharse para reparar entre pierna y pierna cuando las abro. Pero de la parte derecha la hoja brilla y llama la atención. (Fuenmayor, 81)
Vemos entonces que el contacto con la ciudad empieza a tener efectos conflictivos en este campesino, “the interior culture receive the transculturating influence from their natural capital or from the area in closest contact with the outside, all of which presents an extremely varied of conflicts.” (Rama, 137) Utria se ve tocado por las nuevas influencias citadinas debido a su trabajo ahora en la ciudad, lo que lo expone a nuevas costumbres, formas de vida y a un lenguaje propio de un mundo urbano. De ahí que pretenda aplicar a su vida las nuevas ideas y costumbres, en su forma de pensar, de actuar y de hablar. Los sábados, días en los que Utria trabajaba en el jardín de Don Manuel, escuchaba las tertulias y conversaciones que sostenía el patrón con sus amigos. A su oído llegaban expresiones y vocabulario de los cuales comienza a apropiarse aunque de manera distorsionada, “desarticuladas por el viento y la resonancia de otras voces, caían deformadas en su imaginación, y poco se le alcanza de su significado: eran de todos modos los vocablos finos de su adorno” (82). Se sentía ya una persona renovada, superior a los de su clase debido a este nuevo bagaje de conocimiento, vocabulario que ellos no entendían por estar fuera de su alcance.
Poco a poco Utria va cambiando su forma de ser y de expresarse, buscando la oportunidad de demostrarles a sus patrones que él ya está a su altura porque domina su mismo lenguaje. De hecho, hizo sus intentos de nuevo léxico con su patrona pero logró que ella le dijera: “cállate, animal” (82), también con el señor Manuel, su patrón, quien le dijo: “Utria, te estás volviendo loco” (82); y es que soltaba expresiones como “le estoy reparando la quincena y el mes que me los pone sendamente con semana. Indilgue el século, si es de su doctrina; no catime el siquiséculo y desifique hasta la cuménica que aquí se la coloco, y vamos a la pulémica y échele” (88). Todos nuevos vocablos que “aprendió” mientras escuchaba pero deformados de tal forma que al hablar se exponía a la burla general.
En este punto, el concepto de transculturación empieza a entrar en conflicto en relación con la situación de Utria. Si bien es cierto que este personaje sería el ejemplo perfecto de lo que Rama postula por transculturación, una cultura local que ha entrado en contacto con otra metropolitana, “the interior regions receive impulses from the more modernized ones, in such a way that two successive transculturating processes are completed. The first process is carried out by the capital or, above all, by the port cities […] the second process is carried out by the interior regional culture, in response to the impact of transculturation transferred from the capital”, Utria no hace una buena apropiación de los modos culturales de esa esfera, por el contrario, los invierte y los desarticula. En un principio, vemos que ha recibido las influencias de la metrópoli en un momento de crecimiento demográfico, en el cual la ciudad se encuentra en proceso de expansión y por lo tanto se acerca más al campo. La costa colombiana por su estratégica ubicación del puerto de Barranquilla, sirvió como puente de entrada de la modernidad, de adelantos científicos, de inmigraciones de comunidades europeas y de otras latitudes como las judeopalestinas, que llegaron al país en busca de un futuro mejor; por lo que la ciudad se fue expandiendo y se dio el crecimiento que conectó a la ciudad con el campo y viceversa. El jornalero, al sufrir los intercambios culturales de esta fuerza hegemónica, considera que debe estar a la altura de ella. De ahí que sufre estos cambios drásticos en su personalidad y en su forma de hablar, rechazando todo elemento proveniente de su condición de hombre de campo. Un ejemplo de esto lo vemos cuando Utria se topa con un amigo campesino en plena plaza de la ciudad y entonces lo ignora cuando éste lo saluda, “descarado con el machete, será porque todo para él es monte y no sabe el respeto de la persona.” (Fuenmayor, 73) Sin embargo, la transculturación, teniendo en mente la definición que hace Rama, no encuentra cabida real en este contexto, ya que el proceso de internalización de elementos de la cultura metropolitana ha sido deformado de tal forma que el labrador queda expuesto a la burla general. Al sentirse Utria agobiado por poseer tanto conocimiento y “finura” de lenguaje, decide expulsarlo todo y dirigirse a toda la gente que se encuentra disfrutando de una tarde en el parque de la ciudad, “ante aquel gran auditorio la tensión de Utria alcanzó el máximo. Sin más concesiones, los vocablos finos lo urgieron en tremenda carga oratoria” (Fuenmayor, 90), convencido de su gran proeza mientras que la gente lo miraba como un nuevo loco en la ciudad.
Con lo anterior, encontramos similitudes con la idea que Elizabeth Monasterios desarrolló en su trabajo Rethinking transculturation and Hybridity, “what Rama’s analysis does not consider is that even if this cultural agents may be active at the moment of intercourse, they are certainly not active in an equal manner nor they hold similar positions of power.” (106) Trasladando su idea a este trabajo, queda claro que aunque Utria esté dispuesto a recibir el impacto transculturador, no puede llegar a esa apropiación de elementos de la metrópoli por desconocer muchos de los vocablos expresados por los citadinos, de modo que al emplearlos lo realiza de manera errónea ignorando que hace el ridículo en frente de la gente. De ahí que la idea de Rama sobre este proceso por el cual debe existir una cultural metropolitana para que exista trasculturación, pierde su sentido cuando nos topamos con las deformaciones del lenguaje y el comportamiento que realiza Utria. Alberto Moreiras también ha estudiado este fenómeno entendiendo que “cualquier proceso dado de transculturación puede entenderse también, no como un camino hacia el sentido, sino como un camino hacia la indagación aporética, que es la destrucción del sentido” (Moreiras, 216). Teniendo en cuenta esta idea, la noción de transculturación formulada por Rama se requiebra, ya que no se produce aquí una nueva construcción aplicable en los procesos de intercambio cultural, por el contrario, se da una destrucción a partir de la deformación del lenguaje metropolitano. De igual manera, podemos ver cómo el lenguaje metropolitano es presentado como un instrumento de poder, de ahí que Utria se encuentra atraído por la cantidad de vocablos “finos” que le gustaría manejar para estar a la altura y diferenciarse de los que aún se encuentran en el atraso y no en la modernidad, en este cuento
la posibilidad de la palabra se encuentra íntimamente relacionada con la posibilidad de ejercer poder […] todo el cuento con una alta carga de humorismo, presenta el absurdo intento de Utria de hacerse cargo de un lenguaje que él intuye como el arma de poder ya que al lograr el dominio del lenguaje de los señores es compartir parte del poder que ejercen sobre él y su vida. (Burgos, 182)
El lenguaje y los vocablos “finos” son los elementos procedentes de la metrópoli, de la ciudad letrada, de ahí que el efecto que producen en Utria podría rescatarse como el rechazo o la crítica que hace Fuenmayor a ese lenguaje hegemónico dominante que poco a poco se está imponiendo en la sociedad de la época. Ofrece entonces el escritor una barrera cultural que a pesar de la fascinación que siente el campesino por esta nueva cultura, no puede deslindarse de su condición de labrador, impidiendo así el proceso de transculturación lineal metrópoli-periferia. Este cuento demuestra entonces el fracaso de la noción de la transculturación; a pesar de que Utria sufre el impacto avasallador de la metrópoli, no logra articular y producir un lenguaje o un comportamiento acorde con ésta, así que la aseveración de pensar que con este concepto estamos en “amplio vencimiento de la modernización” (Rama, 226), encuentra sus oposiciones en este cuento.
Tenemos de igual forma a otro campesino en el cuento “Con el doctor afuera”. En este texto el personaje principal, el jornalero, permanece anónimo. Sin embargo, a diferencia de Utria encontramos en él una relación mucho más íntima con su patrón, el doctor en leyes como así le llaman. En este caso, el cuento se desarrolla en su totalidad en la finca, con el retorno del doctor a la vida del campo. En este sentido, si es que puede considerarse así, encontramos un tipo de transculturación que se produce a la inversa. Si recordamos que para Rama el proceso de intercambio cultural solo se puede dar desde una cultura superior, desde la metrópoli hacia una población subordinada, es decir, la periferia, entonces en este cuento esta noción no encuentra cabida. La pregunta en este punto sería cómo representar o cómo pensar estos cruces y amoldamientos que ocurren desde la periferia. Monasterios se planteó interrogantes similares y por eso propone en su ensayo de repensar la transculturación “ theoretical framework able to engage in the study of latin american literatures from a point of view other than those outlined by the academic humanism of post industrialized societies or metropolitan academic elites.” (94) En este sentido, su propuesta teórica permite considerar y tomar en cuenta las manifestaciones culturales y sociales que se producen en estados de periferia, fuera de las grandes academias que se han interesado por hablar y articular sobre “el otro”. Su estudio se centra básicamente en la problemática indígena en Bolivia con la historia El jardín de Nora, que representa la llegada de una pareja de extranjeros europeos que se instalan en este país. Esta obra se relaciona en cierta medida con el cuento de Fuenmayor, a pesar de que la problemática no se representa por la situación indígena sino por la del hombre de campo vs el hombre de ciudad. El primero puede ser considerado como ignorante porque no ha tenido la oportunidad de estudiar mientras que el segundo es el hombre letrado que suponía llegaría a la finca a educar a los analfabetas. No obstante, vemos que ocurre lo contrario.
El jornalero narra con una vista al pasado lo que fue su labor mientras trabajaba en la finca del “doctor en leyes”, su patrón, recién llegado de la ciudad. Este personaje sabe y reconoce que es una persona que no ha recibido una educación formal pero no por ello se siente menos, por el contrario, es la fiel muestra de la conciencia y sabiduría campesina,
Y no por negado sino porque eso de cómo es una persona no se contestar bien contestado que es como a mí me gusta contestar. A mi pregúnteme sobre una vaca, y ya estoy dando con las palabras que la pintan hasta mejor que un retrato. (27)
Con esto, “estamos frente a un hablante popular que […] se ve obligado a recurrir al juego de imágenes en vista de su escaso vocabulario para denominar la realidad, como una forma de hacerse entender mediante la combinación de ingredientes conceptuales…” (Alvarado, 2). A pesar de ello, el campesino hace un brillante uso y aplicación de sus vocablos para comunicar sus opiniones, lo que lo lleva poco a poco a ganarse el respeto y admiración del doctor. Es por eso que con gran nostalgia recuerda este campesino su labor en la finca de la cual aprendió mucho de su patrón, pero aún más este último del labrador. Podría decirse que el recién llegado sería la persona ilustrada que viene a enseñar al ignorante, sin embargo, el hombre humilde, con su gran conocimiento del mundo, termina dando una lección de vida al doctor. El jornalero intuye que su patrón sufre una enfermedad y que su manera de huir de los problemas es el alcohol. El campesino intenta mostrarle que puede disfrutar de la vida de una manera distinta,
Doctor, le dije, el día es muy bonito pero la noche es linda también; el día y la noche son dos partes del mundo y dos fuerzas para el hombre; el día es fuerza para el cuerpo y la noche es fuerza para el alma. El doctor se rió. ¿Qué es esa letanía que me estás enjaretando? Dijo. Mi letanía, dije yo, no es buscar más que ésta: que de día puede uno ponerse a buscar a Dios, pero de noche hasta puede uno encontrarlo. (34)
Yo pensaba: esas botellas serán la noche en que se mete el doctor; porque la borrachera es como una noche, pero embustera y dañina, toda al revés de la verdadera noche que hizo el señor. (35)
El campesino utiliza la sabiduría popular para hacer interpretaciones, aconsejar u opinar. Esto demuestra que no es necesario ser un gran maestro de las “palabras cultas” metropolitanas para ser un sabio y reflexionar de manera “intelectual”. Es una persona con una gran sabiduría, con un gran conocimiento y sensibilidad del campo, portavoz de la vida tranquila, pacífica, alejada del ajetreo de la ciudad. En este sentido, ¿dónde o cómo ubicaríamos la interpretación de la transculturación? ¿De qué manera la podemos entender si estamos ante intercambios y procesos culturales que demuestran que puede existir ese flujo no sólo desde las altas esferas sino desde abajo hacia arriba también? Con esto nos queda reflexionar y reubicar este concepto. Visto de esta manera, queda desarmado ante la potencia cultural de las periferias de la costa Caribe, el campo, la finca. El doctor, en este caso, es un hombre que se encuentra en decadencia, llega de la ciudad, reducido a su mínima expresión, enfermo, sin ganas de vivir, alcohólico. Entonces, es un pobre campesino, pequeño “ignorante” que recurre a pocas palabras pero precisas, quien lo ayuda a pasar sus mejores momentos antes de morir. Le enseña una nueva concepción de vida, el disfrute de la vida en el campo, la tranquilidad de la naturaleza. En este caso, es el doctor quien recibe la influencia de esta cultura, transformando la propia para su mejora personal. Sin embargo, este intercambio bajo la definición de transculturación no sería posible, siempre toda cultura subordinada expuesta a otra hegemónica terminará transformando y amoldando sus propias realidades y costumbres con las nuevas influencias. De este modo y muy en el fondo, Rama estaría articulando modelos occidentalistas que conciben a la América latina como una región que debe transformarse y evolucionar con miras a la Europa y por qué no los Estados Unidos, ignorando las pequeñas pero a la vez grandes particularidades que la caracterizan. Moreiras desarrolla en su trabajo sobre el fin de la transculturación posiblemente el razonamiento más clave en este punto.
La transculturación es una máquina de guerra, que se alimenta de la diferencia cultural, cuya principal función es la reducción de la posibilidad de la heterogeneidad radical. La transculturación debe por lo tanto ser entendida como parte sistémica de la ideología o metafísica produccionista occidental, que todavía retiene un fuerte poder colonizante con respecto de campos simbólicos alternativos en el campo cultural. (218)
La labor del intelectual contemporáneo consiste entonces en repensar este concepto, así como también proponer nuevas teorías y nociones que permitan dar cuenta y representar estos cambios culturales a partir de las heterogeneidades básicas de cada región. Queda demostrado que es casi imposible que los flujos de intercambio cultural funcionen en un solo sentido, muchos menos desde las posiciones metropolitanas hegemónicas porque se estarían obviando muchas de las particularidades de las injustas llamadas periferias. Ahora bien, interesante sería también traer a colación las interpretaciones de Rama conforme a este respecto. Para él, en este sentido García Márquez podría ser una de las únicas excepciones en el caso colombiano de transculturación fuerte e importante producida desde las periferias. Considera que su obra posee la carga regionalista por así decirlo que supera las influencias de las metrópolis más cercanas que serían la capital del país o las zonas centrales de la nación. De igual forma, Rama reconoce que mucho antes que García Márquez se estaban produciendo en la región importantes avances literarios que eran poco o nada tenidos en cuenta por la literatura nacional como el grupo La Cueva. [4]
Para él, tanto García Márquez como el grupo La cueva, proveían la introducción del modernismo a la narrativa colombiana, “the coastal region was becoming noted for its openness to world cultures with an intensity that could not be glimpsed in the capital”, (Rama, 138) entre ellos, rescata a Ramón Vinyes, León de Griff, Arturo Vidales y, por supuesto, José Félix Fuenmayor. A pesar de considerar que desde la Costa se estaba forjando un tipo de literatura diferente a la del interior del país, vuelve a caer dentro del mismo círculo de metrópoli-periferia. Lo que quiero decir es que para Rama la producción literaria de estos escritores hace parte ya de un proceso de transculturación y que por lo tanto sus personajes también están transculturados, han perdido un poco de su cultura y han incorporado una metropolitana. En este sentido, los escritores de La Cueva reciben las formas literarias del exterior, que luego les sirven para generar un impacto en su literatura al incorporar nuevos elementos que se encuentran mezclados con lo netamente local. En palabras de Rama, “the aesthetics solutions arising from this group of writers will mix in varying degrees both modernizing impulses and localist traditions, occasionally with very picturesque results.” (138) Lo que Rama afirma es que obras como los cuentos trabajados aquí son ya parte del proceso transculturador. De ahí que exista la fuerte alusión a lo local con los elementos modernizadores de la ciudad y el lenguaje metropolitano.
No obstante, es posible pensar que de hecho sí ocurre tal influencia, pero el autor, en este caso, Fuenmayor, la rechaza y la destruye completamente en estos cuentos. La presencia de la influencia de la metrópoli está latente y fuerte, tánto que Utria pretende deslindarse de todo lo referente a su condición con tal de alcanzar el mundo letrado y culto de su patrón. Sin embargo, este personaje no puede producir nada coherente cuando se refiere a lo que ha aprehendido del medio citadino. Por el contrario, se afirma en su condición de campesino y todo lo que conlleva serlo, su gran conocimiento del mundo natural, del campo,
El señor Manuel dice que ella es reina del jardín de reino vegetal y dice que también hay, aparte, reino animal con su rey león. No tan aparte, señor Manuel. La patilla camina como caracol; el bejuco trepa como culebra; el cadillo se agarra como garrapata: el girasol se va dando vuelta para no perder de vista al sol […]. (87)
Otro ejemplo de lo que sí conoce este personaje a la perfección se da cuando debía despertar a sus patrones a las 5 de la mañana ya que estos partían de viaje, así que su patrona insistió en que tocara su puerta a esa hora. Al mismo tiempo, el señor Manuel puso el despertador y “a las cinco Utria llamó con los nudillos a la puerta. El reloj del señor Manuel debía estar bien porque los toques de Utria coincidieron con el sonar del despertador.” (85) Queda demostrado así que el campesino no necesita de esos aparatos modernos, que en cualquier momento pueden errar, en cambio él con solo mirar el cielo, la luna y el sol, reconoce el tiempo exacto del día y la noche, conocimiento que solo puede tener una persona que sabe de la naturaleza. En cambio, cuando se trata de aplicar las influencias del nuevo medio, queda expuesto a la burla, no produce una sola oración que tenga sentido, es decir, que no tiene ningún tipo de aplicabilidad para él en su vida. De nada le sirve y por eso sigue siendo el mismo sujeto campesino cuya transculturación quedó a medio camino o fracasó del todo. De igual forma encontramos al campesino del cuento “Con el doctor afuera”. En este último queda aún más evidente que la posición de Fuenmayor con respecto a las influencias del campo sobre la ciudad son igual de imponentes. Como en Rama para que exista transculturación alguien tiene que perder y otro ganar, pues el hombre culto recibe, transforma su propia conciencia para poder meterse y vivir plenamente la vida del campo, una vida que le permita morir ya a fines de su enfermedad, de manera digna. De este modo se deslinda de las materialidades de la vida en la ciudad para llevar una vida en la tranquilidad de la finca. Es entonces un referente claro que son las metrópolis o los elementos de ella los que se integran a la provincia. Por lo tanto la afirmación de Rama se contrapone una vez más con su aplicación de la transculturación.
La obra de Fuenmayor y de los escritores que integraron el grupo La cueva trabajaron ante todo por la superación de los modelos imperialistas metropolitanos para buscar en las localidades regionales, la verdadera autenticidad del ser Caribe. De esta manera, la transculturación encuentra su talón de Aquiles. Concibiendo tales fuentes literarias de esta manera, la transculturación propuesta por Rama muere en su intento mientras que quedan una vez más los procesos de intercambio cultural ya por sí bastante conflictivos, sin un modelo que los pueda definir o explicar. Tanto Alberto Moreiras como Elizabeth Monasterios desarrollaron trabajos claves para poner en evidencias las fallas de la aplicación de esta noción. Moreiras es el primero que cuestiona el trabajo de Rama a partir de su máximo exponente para explicar la transculturación, José María Arguedas. El suicidio de este escritor al final de escribir Los zorros es en el fondo el fracaso y la muerte misma de la conceptualización de esta noción. Del mismo modo, Monasterios, que se enfoca particularmente en la situación indígena en la región andina, precisamente por qué da la impresión que Rama parece no favorecerlas por considerarlas como elementos de atraso de la transculturación. Recordemos que su mirada está puesta siempre en llegar a la modernización, de ahí que siempre vea en las metrópolis el símbolo del progreso y, por tanto, las periferias y localidades subordinadas deben transculturarse y amoldar las formas de ésta para llegar a la misma condición.
Por este motivo, los cuentos de Fuenmayor son fundamentales aquí para demostrar una vez más que las localidades primitivas revierten esta concepción. Este escritor rechaza por completo la idea de un intercambio que tiene que venir desde las elites de la sociedad. Es la ciudad la que se ve influenciada por su contacto con el campo. La costa colombiana en su condición de periferia se ha visto avasallada por las manifestaciones culturales y literarias de los puntos centrales del país. No obstante vemos que desde principios del siglo XX la centralización del poder ha ido variando y los flujos y efectos recorren de lado y lado de manera simultánea y no unilateral. De ahí que no nos queda más sino repensar los conceptos y nociones y promulgar una teoría que parta primero desde estas diferencias, reconociendo las particularidades, esfuerzos e influencias de cada una.
Notas:
[1] Ortiz inicia el concepto de transculturación en su trabajo Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar para señalar los cambios culturales y económicos que se dieron con la llegada de nuevos pobladores al nuevo mundo. Señala que viven de manera conjunta varias economías, las allí establecidas con las nuevas. El concepto de transculturación se entiende como el proceso de adaptación de esa cultura a otra, “a process by which a given culture transits to another reproducing a pattern whose features moves from acculturation (acquisition of a foreign culture), deculturation (loss of one’s own culture) and neoculturation (creation of a new culture). (Ortiz, in Monasterios, Rethinking transculturation and hybridity, 160)
[2] La vida y obra del escritor barranquillero José Félix Fuenmayor (1885-1966) es de gran importancia ya que fue uno de los precursores de la renovación del cuento colombiano. Su obra, ya sean cuentos o novelas tienen inicios de elementos vanguardistas que forjaron las nuevas direcciones de la literatura nacional, acostumbrada hasta ese entonces a un lenguaje culto, refinado, de los escritores del interior del país, quienes dominaban el campo literario de la época. En esta medida, como afirma Gilberto Gómez Ocampo, la obra de Fuenmayor es una “evidencia del impacto vanguardista en la literatura colombiana y de la existencia de un activo grupo antielitista y pro- o protovanguardista” (9). Se afirma esto puesto que en su obra hay un rescate del lenguaje popular, da voz a personajes que antes no la habían tenido en la producción literaria nacional. A la vez que resalta las costumbres, el sentir y el pensar propio del ser Caribe colombiano.
[3] En 1967, un año después de su fallecimiento, es publicada la colección de once cuentos titulada La muerte en la calle. Otra edición aparece después con el nombre de Con el doctor afuera (Bogotá, Colcultura). En este volumen fue suprimido el cuento “La muerte en la calle”. Finalmente, Alfaguara publica, en 1994, La muerte en la calle, con dos cuentos más: “La muerte de Juan Cruz” y “Taumaturgia de un cochecito”, agregados por el investigador Jacques Gilard.
[4] En 1940 Fuenmayor se reencuentra con Ramón Vinyes, el sabio catalán y entra en contacto con algunos jóvenes ávidos de su sabiduría, entre los que se destacan Bernardo Restrepo Maya, Germán Vargas y Alfonso Fuenmayor, su hijo; junto con ellos, formó el grupo literario que se conoció con el nombre de La cueva, en honor al bar en el que se realizaban las tertulias intelectuales. Más tarde, en 1947 y 1948, respectivamente, ingresan al grupo Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, para quienes José Félix constituiría un gran ejemplo a seguir en el ámbito literario.La Cueva o Grupo de Barranquilla, con Fuenmayor y Vinyes a la cabeza, tuvo una profunda influencia en el cambio de la cuentística colombiana. En la década de los cuarenta, la experiencia de Fuenmayor orienta los debates del grupo y los interrogantes e inquietudes de sus miembros, jóvenes en su mayoría.
Fuentes:
Alvarado, Delyis; Barandica, Ibama; Santis, Marjorie. “El mundo de referencias en los cuentos de José Félix Fuenmayor.” Revista La Casa de Asterión No. 3, 2002.
[http://lacasadeasterionB.homestead.com/v3n10mundo.html] Consulta: noviembre 15 de 2007.
Bustos Fernández, María José. “Vanguardia y renovación en la narrativa latinoamericana: Macedonio Fernández, José Félix Fuenmayor y Jaime Torres Bidet.” Diss./Ph.D Thesis. University of Colorado, 1990.
Gómez Ocampo, Gilberto. “Luís Tejada y José Félix Fuenmayor: La ruptura del sistema estatoquinético en Colombia.” Ciberletras, Revista de crítica literaria y de cultura, No. 8, 2002: 1-12.
Monasterios, Elizabeth. “Rethinking Transculturation and Hibridity: An Andean perspective.” Latin American narratives and cultural identity 7: 94-110.
Moreiras, Alberto. “José María Arguedas y el fin de la transculturación.” Ángel Rama y los estudios latinoamericanos. Series criticas. Universidad de Pittsburgh: 1997, 213-229.
Rama, Ángel. “Literature and Culture.” Latin American cultural studies reader. Duke University Press: 2005, 120- 152.
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© Gina Villamizar
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 33
Abril-Mayo-Junio de 2008
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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