Ya nunca más herviré las aguas,
solo así podré comprender el mar y sus caprichos
y el porqué de las balsas.
Yo amo al Almendares porque aún es nuestra sangre.

Agua verde apresada entre balcones,
obligada a reflejar botellas, gorriones, caras sucias.
Agua fétida donde posar mis labios.

Detesto al fotógrafo y sus carteles.
Hasta hace poco le temía a una palabra.
Me tapaba la cabeza pero él agitaba los carteles.
Líbranos, señor, de las aguas mansas y de las revueltas.
Ahora el Almendares es verde ficticio y aparatos oxidados.
Ahora el Almendares es Dios, grito nocturno.


Consígname

Por más que huyo entre el flemático oleaje,
soy algo más que un predador de ventanas
con cierto sabor a cloro,
justo donde iría mi lengua.

¿Por qué, vanidad,
el carbón encendido, desde lejos,
parece trofeo,
y quema?

Tengo las manos agujereadas de espanto,
agitar minúsculas consignas es sólo el principio
de una locura mayúscula.







Almendares

Yordan Rey Oliva
cipriano@infomed.sld.cu
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©   Yordan Rey Oliva

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 34
Julio-Agosto-Septiembre de 2008

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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