La Galería

Coordinación:
Alvaro Suescún Toledo
alvarosu@hotmail.de


Ángel Loochkartt:
Los colores de la vida
(Sala I)
Retrato de Ángel Loochkartt,
por Ardó
Congo grande alicorado
1.92 x 2.56
Aralia,
Violeta
y Odiseo
90 x 70
El gato de Aralia
Ciro atento
a la siesta
de Fiora
1.00 x 50
Ángel Loochkartt nace en Barranquilla, en 1933. Realiza sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico; luego se especializa en Roma, en la Academia de Bellas Artes, con el maestro Ferruccio Ferrazi, en pintura y dibujo, y en grabado, con el maestro Nino Maccari. Más adelante, frecuenta la Academia de San Giacomo de Roma, donde lo orienta en pintura mural el maestro Giusseppe Ciotti. Durante su larga permanencia en Roma y concluidos sus estudios, participa en la Bienal de Venecia y en numerosas exposiciones colectivas en Italia. Visita varios países de Europa.

En 1961, de regreso en Colombia, es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes en la Universidad en donde se había formado. En 1968, viaja a Los Ángeles, California, y allí se vincula durante tres años a los medios artísticos, trabaja en los talleres del Departamento de Arte de East Los Ángeles College, donde hace experimentación de materiales. Regresa nuevamente a Colombia y se vincula a la Universidad  Nacional, donde ejerce como profesor desde 1971.  Su estudio se encuentra en el antiguo barrio de La candelaria de Bogotá.
Loochkartt:
Pintura que grita su libertad

Álvaro Suescún Toledo

Publicado en El Heraldo Dominical. Barranquilla, septiembre 19 de 2004.

Ángel Loochkartt expone durante el mes de septiembre, en la galería Elida Lara, una pintura neoexpresionista caracterizada por su acentuado color. Este nuevo retorno a la ciudad que lo vio nacer es, como sucede siempre, motivo de regocijo. Considerado nuestro pintor emblemático, quizá no sea el de más reconocimientos pero sí lo es el de mayor representación, por el significado de su obra, por su verdad ingeniosa y angustiosamente espectacular, por su profesional honradez y por la persistente vocación que lo ha llevado a reconocidas posiciones de valía en el mundo de las artes plásticas.

Su formación en las aulas de la  Escuela de Bellas Artes de la Universidad  del Atlántico, en los tiempos de la figuración con acentuada tendencia expresionista, tuvo como eje característico a los maestros inscritos en el movimiento nacional de Los Bachué. De ese entorno alimentó sus conceptos, alternándolos con estudios de piano y guitarra en el Conservatorio de Música.  Se especializó en Roma con Ferruccio Ferrazi en pintura y dibujo, y en grabado con Nino Maccari, después estudió pintura mural en la Academia de San Giacomo orientado por el maestro Giusseppe Ciotti. Un artista integral, de formación y de vocación, cuyos temas van desde las variaciones lunares, en un período caracterizado por el  simbolismo, hasta el de los fenómenos naturales que le dan cabida a un periodo materista, más ligado a la abstracción.

Como Director de nuestra Escuela de Bellas Artes, nombrado a su regreso en 1961,  enseñó lo aprendido por más de cuatro años, haciendo referencia a sus fuentes formativas, notable semilla germinal que dio sus frutos en los nuevos artistas costeños. Incursionó en la pintura abstracta hasta el experimento, vía por la cual anticipó la creación de “La Pepita”, suerte de  muñeca vieja y bruja, nacida en la decrepitud adulta. Después de narrar plásticamente su ciclo vital en una abundante producción que abarcó cuatro años de trabajo, esta muestra de tonalidades grises imperantes, composiciones apoyadas en la ortogonal y con un ritmo tranquilo, fue presentada en la biblioteca Luis Ángel Arango. Lo grotesco y lo apacible se relacionan en este personaje, en una suerte de delirio en la que incursionan retratos, bodegones y temas esotéricos que dan vida a figuras como búhos y gatos.

Regresó al exilio en 1968 para trabajar en los talleres de arte de Los Ángeles College por cuatro años. De nuevo en Colombia se vinculó a la Universidad Nacional, donde ejerció desde 1971 por más de veinte años. En el momento de la evaluación, la presencia de las modas se alejaron sin reclamos. Sin ambiciones decorativas, consolida su inconformismo, se acentúa su innovadora personalidad, ahora más positiva, contestataria a su medida, frente a una visión convencional que se imponía como emblema.

Se empecinó en la “Sibila”, encontrada a la entrada de un hotel, ella lo obsesionó de tal manera que se hizo su personaje, inaugurando una nueva etapa pictórica. En ella retorna a la figuración surgida de un trazo insistente en la búsqueda, un ambiente de mayor cobertura. Las tensiones se suscitaron en su paleta denotando la agresividad resultante que exhibió en una muestra de gustos estéticos aceptados por la concurrencia en la Galería Scala de Bogotá.

Trabajó otros ciclos temáticos, las ondulaciones de la historia reflejadas en su propio ciclo vital, retratos, autorretratos y bodegones. Así organizó sus muestras y sus temas, apreciablemente distintos, varían: “El pájaro madrugador”, juguetes mágicos inspirados en la era espacial. “De Rubens a mí”, homenaje al pintor flamenco; “La historia universal”, visión subjetiva de acontecimientos muy particulares, y también naturalezas, objetos, composiciones expresionistas hasta llegar a “Los guerrilleros”,  dibujos que iniciaron la apertura orgásmica, una carga explosiva de sentimientos encontrados, batallas y desafíos que se desenvolvían contundentes, expresivos, en otras series que marcaron el nuevo derrotero de su signo vital, rito y mito de la fertilidad en un gran punto de convergencia, movimiento interior y de culminación, “Los Congos”,  “Los travestis”, “Los ángeles” y “Las amadoras de Bolívar”.

La serie de “Los Congos” es un homenaje a nuestro carnaval hecho con el dúctil fardo de la emoción cromática, en ritmo de drama cada congo despliega su lucha por la captura de la bandera contrincante, serpentean, ondulan, son vistos desde el color con un trazo vigoroso. Las banderas, la emoción, la música, borbotean en un conjunto armónico, un despliegue de sabor en el sentido mas esencial del término.

Los otros son personajes de color local en tonos accidentados, dibujos a base de grafismos que ayudan a transgredir. Las pinturas eróticas, la serie de “Los hampones”, la de “Los travestis”, mujeres con rasgos masculinos u hombres feminizados en pinturas lanzadas contra el lienzo, delirios de artista con su marco alusivo al paisaje,  parejas en  tensión dinámica, plagadas del dramatismo y la incomprensión, trabajadas con fortaleza rayana en la  virulencia. La incoherencia temática entre los personajes y su entorno exaspera la tensión de toda la serie, la de “Los paisajes de Villa de Leiva”, sus temas recurrentes, ahora  en homenaje a Élida Lara, tienen un algo de surrealistas.

Loochkartt nos trae su dinámica de la forma en contrapuntos cromáticos,  tal vez ángel o tal vez congo, para revitalizar este ambiente de catástrofe que rompe la inercia a los activistas de las artes plásticas en nuestro medio.
Bodegón
con
mandolina 3
Concierto
Para ver la Sala II de Ángel Loochkartt, hacer clic AQUÍ:
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© Ángel Loochkartt
© Álvaro Suescún
© Samuel Montealegre

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
LA GALERÍA
Museo Virtual de Artistas del Caribe
MUVAC

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 34
Julio-Agosto-Septiembre de 2008

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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La pintura
como libertad individual
e intuición evolutiva

Samuel Montealegre

Entre las constantes formales de la obra de Angel Loochkartt emergen la materia densa y la pincelada libre, que aplica con frecuencia a manera de torbellino  —lo cual ocurre aún cuando diluye la pasta pictórica—. Las imágenes surgen de los ritmos de los trazos y un dibujo a base de grafismo ayuda a definirlas. Además, la composición asimétrica sobre ejes diagonales refuerza el sentido de movimiento: es vida, devenir.

Se trata de una obra figurativa interrumpida solo por una breve experiencia abstracta entre 1960 y 1962. Siguiendo el recorrido del artista, vemos que se configura una especie de cadena cuyos eslabones están constituidos por series temáticas, entre las cuales están: La Pepita (1963), La Sibila (1973), Los Congos (1977), Los Travestis (1977), Las Pinturas Eróticas (1979), Los paisajes de Villa de Leyva (1981), Los Ángeles (1981), Los Hampones (1982).

Algunos títulos indican claramente las preferencias del pintor por aquello que vive al margen del buen comportamiento. Es más, Pepita enfatiza el grotesco mundano; o sea, desde el interior del mismo mundo burgués, el artista relieva fascinando la ruptura de sus reglas.

Las características hasta ahora anotadas nos obligan a meditar sobre lo que Loochkartt propone y cuyo núcleo central, en sentido ideológico, está conformado por un anarquismo individualista: él defiende con tenacidad cuanto es libertad, y al transgredir le otorga, para compensar la represión  social, un espacio a través del arte.

Decir que estamos ante un neoexpresionista es repetir de modo mecánico una clasificación. La pintura de Angel Loochkartt se enlaza en realidad con el barroco latinoamericano y deriva estímulos de lo popular (el barroco, asimismo, tomó de lo popular y posteriormente injertó en él elementos propios) y del folclor colombiano. En el último caso, basta mencionar lo más evidente, Los Congos, comparsa del Carnaval de Barranquilla, su ciudad.

Pero más conexiones temáticas y lingüísticas son vivencias: en nuestro barroco se producen desacomplejadas fusiones culturales, en lo popular emerge la frescura del sentir y en cierto folclor la sexualidad se vuelve provocante sensualidad. Elementos que son el mismo Loochkartt.

En Europa la anarquía encuentra desde 1916 y por algunos años, la máxima expresión artística en el movimiento Dada, en el cual la provocación es el arma más certera. Es necesario considerar que la espontaneidad del objeto dadaísta está compensado por una fuerte estructura ideativa y que sólo de tal modo combate con eficacia. En años recientes esta actitud ha querido ser adoptada, sin causticidad, enfatizando más en la forma.

En cambio, la anarquía que artísticamente propone Loochkartt no consiste en retrogresión al Dada con el ready made y el desplante, sino en una pintura que combate el prejuicio con contrapuntos cromáticos: en amplias zonas de colores fríos (azules, verdes, tierras…) vibran pinceladas de colores cálidos (rojos, amarillos, anaranjados…) y, a veces, hay centellas de luz pura (blanco). Temas, composición, color, modo de aplicación de la pintura, dibujo… afirman el derecho de ser.

Firme en sus enunciados y en su evolución intrínseca, la labor de Loochkartt se gesta y consolida al margen del reclamismo; de pronto el acontecer artístico internacional pone de moda la neofiguración expresionista, que coincide con su obra, y este viraje hace que se fijen en ella.

Lo exacto es aproximarse a la pintura de Angel Loochkartt interrogándose a fondo sobre cuánto ésta anticipa cierto gusto y evaluar en qué grado tal presencia, más que las modas, pone las bases para determinarlo. Se nos presenta entonces la oportunidad de reflexionar sobre la evaluación individual, la del contexto propio y la del cosmopolita.

Confrontándolas logramos deducir y reafirmar que en algunos casos, independientemente del apoyo social y de la situación geográfica, la intuición evolutiva del artista actúa con mayor rapidez marcando el ritmo.