La Galería

Coordinación:
Alvaro Suescún Toledo
alvarosu@hotmail.de


Ángel Loochkartt:
Los colores de la vida
(Sala III)
Élida concertina de la mandolina 1.40 x 70
Homenaje a la galerista Élida Lara
Salón Carioca:
Fiesta orgiástica - Carnaval de Barranquilla
2.40 x 1.70
Funeral de Sor Juana Inés de la Cruz
Juego erótico
Loochkartt, yo el Congo
XVIII Bienal Sao Paulo
1985
Para ver la Sala IV de Ángel Loochkartt, hacer clic AQUÍ:
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© Ángel Loochkartt
© Gonzalo Márquez Cristo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
LA GALERÍA
Museo Virtual de Artistas del Caribe
MUVAC

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 34
Julio-Agosto-Septiembre 2008

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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Ángel Loochkartt visitando en Barranquilla,
su ciudad natal, el lugar donde estuvo su casa.

Ángel Loochkartt,
la ofrenda del instante

Gonzalo Márquez Cristo

El artista pinta lo invisible para que nosotros podamos vernos, percibirnos, hallarnos, y ese fulgurante encuentro siempre está en la libertad, en la imaginación que nunca es sometida.

“Yo pinto para ser libre, es decir, para no estar solo”, reflexiona loochkartt. “Para compartir mi respiración y mi huella dactilar, mi taquicardia… Y para continuar pegado a mi sombra”.

Comprometido a rastrear sus obsesiones, a mostrar personajes del color local, a consagrar sus más intensas soledades, el pintor se aventura a seguirse, y así instaura una alta alianza donde adivina nuestra geología interior. “No es posible buscar afuera, imitar arquetipos; es necesario adentrarse, pues la obra impuesta por lo establecido, que plasma el rostro del presente, desaparece con él”.

El arte es riesgo, danza sobre la cuerda floja. Cada verdadera pintura esconde nuestros próximos ojos, funda el horizonte de nuestra mirada futura, y como en el cuento Zen, es posible observarla en la más densa oscuridad.

“Hay que ir siempre en contravía, accidentando los colores, hirviendo las formas establecidas, extraviando lo que nadie ha perdido, para poder observarnos sin necesidad de los espejos”.

Si en el surrealismo ver significa imaginar, para Loochkartt es existir y de ahí su vinculación con el tiempo. Su pintura representa algo que está por suceder. Sus figuras se mueven como en el sueño, muestran la estela de su transcurrir. Y así como el fotógrafo persigue el instante irrepetible, él lo produce, lo provoca, y todos los elementos de sus cuadros quedan al acecho de su posibilidad existencial... Asistimos muchas veces a la poética del abismo.

El artista testimonia el espíritu del lugar. Su exploración sobre nuestra realidad es vasta y los temas de su pintura diversos. De sus controvertidos travestis y hampones, puede aumentar su prolífica serie de congos del carnaval de Barranquilla o inquietarnos con los graves rostros de las amadoras de Bolívar.

Cultor de la noche, cree que siempre el ocultamiento conduce a una revelación, que lo prohibido nos expresa más que lo permitido, y que la sociedad solo festeja para destruir. La provocación, la rebeldía, es su actitud intransigente: “¡Solo aquello que me pervierte existe, es!”.

Para Loochkartt, el arte es una descarga que modifica la mirada, un combate sin tregua contra la moral impuesta  por el poder. “El erotismo es la propuesta esencial del hombre, la fuerza dadora del latido, el sí vital”.

Su obra recuerda el verso del gran poeta francés Yves Bonnefoy: “La que destruye al ser, la belleza, será torturada”. Y es allí, en su crítica a los cánones estéticos, en su aparente destrucción, donde se renueva, donde hallamos la belleza en lo más precario y marginal. Lo condenado, lo proscrito, los universos subterráneos, son una veta de inspiración, de respiración, de opción de vida: “A mí no me ha pasado sino lo imposible, lo que ocurre a todos los hombres y pocos pueden advertirlo”.

Su arte es una conciliación con las  adversidades de la naturaleza, con las arbitrariedades y esplendores de lo humano. Él  no pinta, lanza su pintura contra el lienzo. Su óleo llueve, graniza en la tela. Es un artista de crueles desciframientos, de delirios, de barrocos espacios tridimensionales.

Las mujeres de cabello en forma de pagoda surgen con rasgos masculinos y los hombres se feminizan. Casi toda su obra es la consagración de la androginia, de la imagen esencial del ángel, que asiduamente enaltece su universo pictórico.

El verde y el rojo son recurrentes en su movimiento interior. El color flota sobre la forma, se desplaza, se desprende de la figura.

“Las manzanas de Cézanne son bellas por aquello que las distancia de las frutas verdaderas. ¿Quién hallará el sitio dónde ocultó Picasso los azules? ¿Quién sabe dónde se esconde el amarillo. ¿Qué color me buscará mañana?”, lo escucho decir en mi memoria...

¿Cómo creer después de Van Gogh que el sol no ha cambiado de lugar?
Homenaje de Ángel Loochkartt
a los carnavales de Barranquilla
Congo grande
jadeante
Congo grande
alicorado