Narciso, de Caravaggio
A través de una ardua labor deconstructiva, nos proponemos en las siguientes páginas demostrar por qué el cuento “El Espejo”, escrito en Paris, en el mes de noviembre de 1998, e incluido en la colección El encuentro y otros relatos, de la escritora Marvel Luz Moreno, merece ser considerado, como tantos otros de su autoría, una joya arquitectónica en el ámbito literario.
En la inmanencia de este relato, se plasma con mucha calidad y sutileza, la preocupación de la autora por la necesidad que tiene el hombre caribe de conocer su identidad: saber quién es, cuáles son sus raíces, su legado histórico, aunque ello lo lleve a descubrir una ontogénesis caótica y destructiva, pero que es vital conocer para explicar nuestro presente y vislumbrar nuestro futuro.
Veremos principalmente, cómo esta propuesta estética engrana magistralmente, en un feedback del fondo y la forma, la herencia mitológica y la sicológica con la artística, recurriendo a los temas de la literatura fantástica trabajados por Poe, Borges y Cortázar, entre otros, para finalmente observar de forma clara una realidad eminentemente socio-histórica: Quién es y de donde proviene el hombre caribe.
Legado mitológico: Alegoría del mito de Narciso
Para una mayor referencia de la explicación que preside, es necesario “viajar” a la antigua Grecia donde toma lugar el mito de Narciso y la ninfa Eco, dada a conocer por Ovidio. Ésta cuenta que Narciso era un joven de extraordinaria belleza, cuyo nacimiento había sido producto de la violación de la Ninfa Liríope por el dios Fluvial Céfiro. Por dicha razón, Líriope consulta a Tiresias, el adivino, quien le vaticina que su hijo “vivirá hasta muy viejo, con tal de que no se conozca a sí mismo.” La ninfa corre entonces a romper todos los espejos que libren a su hijo del peligro de muerte, olvidando a “su hija”, el agua. Como consecuencia, Narciso llega hasta las aguas de la ninfa Eco, donde observa su reflejo y no se reconoce, sino que se enamora perdidamente de sí mismo. Oye que la figura le habla, mas la deidad acuática es quien le devuelve su propia voz. Y solo cuando deshace el espectro del agua, atravesándolo, recupera su identidad, diciendo: “Ése soy yo. Ya me he dado cuenta, y ya no me engaña mi imagen”, según Héctor J. Freire.
Esa identidad perdida que recupera Narciso, en un primer plano, obviamente es fisica, pero simboliza algo que va más allá: el reconocimiento de su ontogénesis, sus raíces, su constitución interna, entre otros aspectos. Una lectura semiótica y onomasiológica de la obra, es decir, una interpretación de los nombres, de la descripción fisica, los rasgos de personalidad, nos llevan a proponer a Mario, en “El espejo”, como en Narciso, el ente en conflicto que no sabe quién es y busca un autoconocimiento. El contraste que hacemos con respecto a su hermana Marina, nos arroja a la comprensión del rol que ocupa cada uno en la reconstrucción del mito.
En primera instancia, la descripción de Mario subordina la de su hermana gemela, recordándonos las cualidades físicas del héroe mítico: “a los 18 años era un hombre encantador que seducía a todas las personas que lo trataban. Atento, simpático, […] parecía un dandy y como era buen mozo las mujeres se volvían locas por él.” (69) Marina, en cambio, a pesar de ser idéntica a su hermano [a excepción del cabello largo], “nunca había despertado el interés de los hombres.” (73)
En segunda instancia, una onomasiología de los nombres propios Mario y Marina puede hacernos ver la fuerte dimensión simbólica que guardan en la inmanencia del texto, relacionando en ambos nombres el mito de Narciso, su condición de aparentes reflejos mutuos y la ubicación especial del Caribe colombiano, simultáneamente.
Marina, por ejemplo es un nombre que nos remite al elemento agua, mar, playa. Si buscamos el significado en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, hallaremos dos muy elocuentes. Uno como “tierra que rodea el mar, costa” y que nos ubica ya en un contexto geográfico, y otro como “pintura de paisajes marinos”, confirmando su rol de ilustración de la belleza. Por no olvidemos que mar y río son igualmente espejos.
Mario, por su parte, es un nombre aun más simbólico, más complejo, con el que podemos hacer infinidad de relaciones, a nivel mítico, a nivel de relato, a nivel histórico. Empezando por la escisión de este, notaremos que esta compuesto por dos vocablos que se yuxtaponen entre sí (MAR-RÍO). Ambos nos remiten al significado de dos cuerpos de constitución similar (agua), que convergen con fuerza en determinado punto. Pero uno, con mucha más fuerza que el otro, siendo esto análogo a la violación del dios Céfiro a la ninfa Liríope.
Desde esta óptica, el nombre Mario constituye una dualidad genética, una ambivalencia heredada. Es sal y dulce, debilidad y fuerza, traidor y cómplice: “aunque la amaba y no podía vivir sin ella, le fascinaba darle celos.” (67) Ello simboliza además, el sincretismo étnico del cual la historia nos ha hecho herederos (como veremos al final).
Por otro lado, ya a nivel sintagmático, la narradora le va ofreciendo al lector, de forma sutil, frases o adagios que poseen una connotación semántica en nuestro medio, pero que cumplen la función de seguir evocando el mito de Narciso y la ninfa Eco [1]. “Sin embargo, de su mundo de rencores y tinieblas Mario estaba excluido. Lo adoraba, y él solo veía por sus ojos.” (63) “Usted me dirá, doctor, que si el rió suena, piedras lleva.” (69), “su nueva actitud le da un aire reposado y grácil, con algo de Ninfa.” (73)
Volviendo a la constitución genética de Mario y Marina, tanto en el mito como en el cuento, ellos son hermanos (en el mito, por parte de madre). Esto los hace ser un ninfo y una ninfa. Si buscamos el sentido que se le ha dado a estas dos palabras, hallaremos que la primera se refiere precisamente al personaje Narciso, y la segunda, a una deidad acuática.
Pero aún hay más. De la partícula lingüística ninfo, surge el concepto médico de ninfomanía, desarrollado a partir de la historia también mitológica de las ninfas con los sátiros. De estos últimos, a su vez se derivó el concepto de satiriasis (H. J. Freire), que denomina la exaltación o impulso sexual en el hombre. Los dos conceptos intrínsicamente relacionados en la mitología y en la psicología, se ven adscritos a la obra, pero siempre con énfasis en Mario, ostentando su nivel de importancia, su complejidad ontológica:
“Por que desde muy joven, mi sobrino había comenzado a frecuentar esos lugares de perdición [los prostíbulos]. No obstante llevar al paroxismo sus relaciones incestuosas.” (67-68) “Jamás pude comprender, doctor, qué buscaba Mario en la calle cuando lo tenía todo en casa. Pero se había convertido en un desenfrenado juerguista […] al parecer hasta organizaba orgías.” (68)
Así mismo, siguiendo con la deconstrucción de la metáfora, podemos hallar muchas más cosas que legitiman la propuesta estética que estamos analizando. Recordemos, por ejemplo, que en el mito de Narciso, la madre de éste, rompió todos los espejos para evitarle a su hijo el peligro de muerte. En el relato, este personaje lo encarna Graciela, quien demuestra una extraña pero fuerte preocupación por la suerte de sus hijos, en especial por Mario, como lo demuestran las citas:
“Mario y Marina fueron tratados desde la infancia de manera diferente por mi cuñada Graciela” (62), “pero era evidente que mi cuñada prefería a Mario y se interesaba muy poco por Marina. (63)
“Es necesario decirle, doctor, que ni siquiera frecuentaban a los niños del vecindario. Porque Graciela vivía acosada por el temor de que pudiera ocurrirles algo, así salieran apenas al jardín. Para ella, mientras estuviesen encerrados permanecían al resguardo de todo peligro.” (64)
Este abandono de Marina tiene su explicación. Así como Liríope se olvidó del espejo natural del agua, por ser algo evidente y, a la vez, invisible, sutil, mimetizado, Graciela también se olvida de Marina, sabiendo que esta allí, que también es su hija (como lo es el agua de la ninfa), y por ello la protege. Sin embargo, la ignora dejando que el destino cumpla su cometido.
“Jugaban todo el día juntos y dormían en la misma cama. De nada había servido que Graciela insistiera en darle a cada uno su propio cuarto. Los gemelos esperaban a que la madre se durmiera para reunirse.” (63) “Imagínese, doctor, descubrir de golpe que los hijos de mi hermano tenían relaciones incestuosas.” (64)
Esta inclusión de la temática del incesto, por supuesto no es un capricho de la autora. Es la manera como ella metaforiza de forma literal el encuentro de Narciso con su yo. Como dice el poeta José Lezama Lima, en “Muerte a Narciso”, 1937: “si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.”
Este verso lo trae a colación Héctor J. Freyre, en su articulo “Narciso, un recorrido literario” (H. J. Freire), con el fin de sustentar que “el agua sirve par naturalizar nuestra imagen, para concederle algo de inocencia. Ella engaña, como el mundo físico, pero atravesándola, alcanzamos el conocimiento.
Si reflexionamos al respecto, notaremos que Freyre tiene la razón. Narciso, bien pudo amarse eternamente, sintiendo la impotencia de no poseer ese objeto de deseo que yacía en el agua, si tan solo se hubiese quedado allí, contemplándolo, resignado a no tenerlo jamás. No obstante, él decide irrumpir en la quietud del agua, y en ese momento es cuando puede decir realmente: “Ese soy yo.”
En “El espejo”, Mario hace lo mismo, en cuanto posee su objeto de deseo, aunque con ello vaya en contra “de las leyes divinas”, que en este caso, no son más que la percepción de índole cultural que se tiene acerca del tema del incesto. En nuestro medio, en efecto, dichas relaciones metafiliales constituyen un tabú, un interdicto.
Ya llegando al final del mito, Narciso encuentra su yo. Pero tal hecho, como advierte Freyre, “devela la muerte”, pues al mismo tiempo, él se da cuenta de que jamás podrá obtener ese ser que tanto ama, y decepcionado, llora mientras se hunde una daga en el pecho. “Su sangre empapó la tierra y de ella nació una blanca flor con su corolario rojo”, como dice Robert Graves (H. J. Freire).
En este momento, el mito permite abordar una hipótesis clara del enigma que esconde la narración. A saber, ¿quién mato a Cecilia, la esposa de Mario, y por qué? Analizando este interrogante, nos damos cuenta de que esta mujer no representaba un gran óbice para la relación de los gemelos. Mario sabía que podía divorciarse y solucionar sus problemas. Sin embargo, “el anuncio de aquel embarazo, doctor, debió ser para mi sobrino una sentencia. Ya no podía consolarse con la idea de anular su matrimonio para recuperar el amor de Marina.” (75)
Como lo señala el relato, anteriormente Mario había obligado a su hermana a que abortara un hijo, pero podía continuar con ella. En cambio, ahora estaba seguro de que ese otro vástago lo separaría para siempre del amor de su vida. Por lo tanto, había que hacer algo, lo cual concatenamos con lo que expresa la tía al inicio: “yo puedo explicar a usted esa actitud que permite […] comprender su reacción cuando encontró a su esposa Cecilia en el suelo de la cocina bañada en sangre por los quince cuchillazos que había recibo en el vientre unos minutos antes.”(61)
La descripción de “quince cuchillazos” en el vientre designa el objeto a destruir. Además, recordemos el verso de Robert Graves, citado por Freyre: “su sangre empapó la tierra.” Era su hijo, era su sangre. Pero con ello aún no había solucionado nada, pues había cometido un crimen, que posiblemente lo separaba de por vida de Marina. Y eso, para él, es la misma muerte. “Mario estaba arrodillado junto al cuerpo de Cecilia y le metía en las heridas del vientre los algodones que Marina le pasaba con calma. Él en cambio, parecía trastornado.” (67)
Legado literario
Una vez dilucidadas casi todas las conexiones que muestran el proceso de construcción ficcional a nivel semio-lingüístico, en el cuento “El Espejo”, procedemos a establecer las relaciones intertextuales que ayudarán a dar cuenta de la formulación argumental. Por ejemplo, el texto de Moreno guarda mucha relación con “La Intrusa”, de Jorge Luis Borges. En el texto del argentino, se aprecian varias escenas comparables con la exaltación de la libido que vemos en “El espejo”:
“[…] desde aquella noche la compartieron” (la mujer). “Nadie sabrá los pormenores de esa sórdida unión, que ultrajaba las decencias del arrabal […].” “En turdera, Los Nilsen, perdidos en la maraña [que también era una rutina] de aquel monstruoso amor, quisieron reanudar su vida de hombres entre hombres, volvieron a las trucadas, al reñidero, a las juergas causales […].” Al final, ambos estaban enamorados de la misma mujer, pero el amor fraterno entre ellos era tan grande, que hallan en el homicidio de ésta, la manera de no ser separados nunca: “se abrazaron, llorando. Ahora los ataba otro vinculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.”
Otra fuente intertextual para la construcción de la obra, la hallamos en Poe y Cortázar, quienes trabajan la temática del incesto, en “The fall of the house of Usher” y “Casa tomada”, respectivamente. Como lo explicamos, este tópico era vital para la ficcionalización del mito y fue eso precisamente lo que se cambio en el relato de Borges.
Legado histórico
Después de todo lo dicho anteriormente, engranamos toda esta información, en una conclusión visible para el lector: Mario es el hombre caribe, pero no lo sabe, porque no se conoce a sí mismo. Marina, por su parte, es la Costa propiamente dicha, lo que completa la gran metáfora, como estableciendo: “Yo soy tu espejo, mírate en mí si quieres saber quién eres”.
Contra todos los obstáculos que se anteponen a este hecho, Mario logra encontrar su identidad. En ese momento, hay un reconocimiento, más que físico, ontogenético, que no es el más alentador: es la mirada hacia atrás, sobre una herencia de violaciones, de entrecruces arbitrarios de seres similares y, a la vez, distintos (¿recuerdan a Liríope y a Céfiro?).
Como afirmamos desde la onomasiología, Mario también trae consigo el significado de nuestra Historia. Es el encuentro de diversas culturas, el sincretismo étnico que produjo el proceso de nuestra colonización. Éste, tristemente, encarna también violaciones, saqueos, genocidios. Ese es nuestro legado, es lo que somos. Es la explicación de nuestra conducta actual de autodestrucción, simbolizada en el crimen de las estirpes inocentes, indefensas que son nuestra propia sangre. Con razón, nuestro Nobel nacional, pensando en un país al alcance de los niños, escribe:
“Lo habitaban desde hacia unos doce mil años varias comunidades dispersas de lenguas diferentes y culturas distintas y con identidades propias bien definidas. Muchos murieron sin saber de donde habían venido los invasores. Muchos de estos murieron sin saber dónde estaban. Cinco siglos después, los descendientes de ambos no acabamos de saber quiénes somos.” (García Marquez, 1998)
Nota:
[1] Liliana Weinberg, citando a Amado Alonso, sostiene que toda frase, en poesía, por una parte, sugiere algo, ya que se refiere intencionalmente a un objeto, pero además, “da a entender o sugiere otras cosas y, ante todo, la vida y compleja realidad psíquica de donde sale. De este modo, una frase, por una parte significa, pero por la otra, expresa.”
Bibliografía:
BORGES, Jorge Luis. “La intrusa”. En: Obras completas (Tomo II). Buenos Aires, Emecé Editores, 1974.
CORTÁZAR. Julio. “Casa tomada”. En: Cuentos completos (Tomo I). Madrid, Alfaguara, 1998.
Enciclopedia de la Psicología. Barcelona, Ediciones Océano, 2005.
FREIRE, Héctor J. “Narciso, un recorrido literario”. En: Revista Electrónica Topía. Consulta: 24 mayo de 2007.
[http://www.topia.com.ar/articulos/inter-narciso.htm]
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Por un país al alcance de los niños. Bogotá, Villegas Editores, 1996.
MORA, Carlos; PEÑA, Margarita, y PINILLA, Patricia. Historia de Colombia. Bogotá , Norma, 1977.
MORENO, Marvel. El encuentro y otros relatos. Bogotá, Áncora Editores, 1992.
POE, Edgar Allan. Narraciones extraordinarias. Bogotá, Ediciones Universales, 2007.
WEINBERG, Liliana. Metodología de la crítica literaria. Mégico, UNAM, 1997.
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© Luis Vidal
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 34
Julio-Agosto-Septiembre de 2008
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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Narcisismo y ontogénesis del hombre caribe:
Una reflexión semiótica sobre “El espejo”,
cuento de Marvel Moreno
Luis Vidal
Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Atlántico