Soneto de amor
En los roces intento de tus labios
amanecer como si yo te amara,
como si yo, mujer, lo declarara,
en los roces intento de tus labios.
Ya que seremos lo que Dios entiende,
todo lo tierno que en la vida existe,
mínimo sueño, la canción que insiste,
todo lo suave que la piel extiende.
Ya que seremos nubes, viaje ciego
que no se acaba de empujar la noria…,
porque lo dice nuestro amor de fuego.
Gracia secreta, desnuda estrella
como luz exigida por memoria
colmando flores de alentada y bella.
¿Dónde ir?
Cielo nublado de pena
para llover hoy en llanto.
Como flor por el misterio
esta soledad callando.
Y melancolía mansa
de los ojos hacia el suelo,
entre la presente ingrávida
fugacidad del invierno.
¿Dónde ir, sin ser un extraño,
sin ser hoy un frío aleve
del secreto embelesado,
caminando sin la muerte?
Hazlo
Bésame en este mundo
como un rayo de amor;
déjame adentro puro,
así se entere Dios.
Hazlo desde aquel sueño
de esperanza y primor;
llévame a lo más niño,
así se entere Dios.
Bésame en este campo
de delfines en flor;
y… alcemos fantasías,
así se entere Dios.
La noche
La noche es misterio
lento, infinito,
labios del deseo
lejano, perdido.
Cielo aún desnudo,
sí un afán: niño;
alto como faro
de un mar, sin destino.
Alhambra
Aquí el aire dice lo más puro,
está diciendo río, brillo al cielo,
está diciendo hierba a terciopelo
de luna cálida, y calla lo oscuro.
Un pórtico está diciendo está, en hermosa
paz, el silencio de una primavera,
como se dice la canción si espera
un recuerdo o un sutil jardín de rosa.
Alhambra, sí, Alhambra al sur, declara
una cordialidad a un hoy soñado,
de esencial por leyendas: voz preclara.
En aljibes, un ave enfebrecida
Fénix, tartesso alzarse enajenado,
¡oh ideal!, se difluye adul de vida.
Tú
Tú al instante, Amor, en esta noche,
sueño a punto de fiera enamorada,
el aire aluna, desnudez alada,
caricia y dulce luz, mano en un broche.
El deseo que quiere ser destello
desmemoriado, lluvia del abismo,
credo de sombra sin un eufemismo,
relámpago de pan… y todo aquello.
En el instante, tú, lirio tan fuerte,
hambre del fondo, encargo de la arena
de mar y mar, más lejos de la muerte.
Tú, en su instante, en tierra, en celo llena
con la fe tropezando con su inerte
espanto mío, ¡oh dios de mi condena!
Todo sigue
Todo sigue.
El viento en las palabras
sigue
con su ritmo hechizante.
Y el Sur sigue
ola a ola
como azul, que en limbos frenéticos adora vivir.
Sigue al más allá neto del mediodía;
sigue un río que cruza la historia;
sigue en su afán la fantasía.
Anúdame
Tú, entreteje mi boca
de un alado beso tuyo,
cuando la noche nos llegue,
su olor a tu sed profunda.
Y entonces, mujer, anúdame
con él de pasión oscuro,
anúdame a ciega llama
ungida de albur rotundo.
Aquí
A Alejandra Oviedo.
Aquí en tu eternidad
se puede ser uno mismo,
la libertad apetecida,
la desgarra de un silbido.
Aquí en tu eternidad
desnudando estoy a lo antiguo
y lo enciendo con tus manos
para que acaricien siglos,
noticias de mi ilusión,
lejanos sueños, mas súbitos;
y tú serás siempre en mí
como el sur conspirativo.
Lo sabes
Tú sabes que te comprende
mi grito más imposible,
que así hay ansias extrañas
abrasando los confines.
Tú sabes que te comprende
mi secreta fe sin límites;
mi combatiente dulzura
—sí— te comprende…, y te ríes.