…dejan huellas y nacen rosas.
Rosas de sangre y agua,
agua y sangre.
Somos lo posible
convertido en goce.
¿De donde viniste,
peregrino del dolor,
encendiendo esta nueva luz
que nos contiene?
Llegaste a mi verso desde el vacío,
interrogante feroz,
gimiendo preguntas entre tinieblas,
más allá de la nada silenciosa.
Y este cuerpo
reconstruido ahora por tus manos,
se resuelve en una flor húmeda,
que estremecida tiembla sobre tu pecho.
La música de un clave suena a Vivaldi
en gloria de miradas.
Ponte dei greci.
Murmuran las góndolas
en la noche bruja,
oscura de oropeles y adioses.
Momento en que la piel se busca,
más allá del hartazgo (solo temblor).
Lo incierto asecha lejos,
tal vez como un rugir de condenas.
Allá donde un mapa señalado espera,
seremos fusión furtiva,
dioses o esclavos
en este ir y venir dentro del tiempo.
Sueñera
Asomado a mi alma te detienes,
buscas poblarme, trasponer fronteras.
Con manos nuevas y un amor ardiente,
descubres en la nada primaveras.
Estás lejos de toda cobardía,
olvidado del mundo entre quimeras,
ojos colmados de ilusión y vida,
me quitas la razón aunque no quieras.
Sobrevolando sobre la primera
imagen bella de este amor que clama,
me amarás a pesar de la distancia.
Y yo seré nostalgia y esperanza
seré luz, seré sombra y seré llama
entibiando tu alma en su sueñera (*).
(*) borgeano
Murió el dolor
Tus penas serán luz en el futuro
porque yo estaré en él, no me lo niegues.
Irá a tu encuentro este amor maduro
o vendrás tú por él si lo prefieres.
No te obligo a sufrir porque la pena
borra el goce de gemidos anhelantes,
y hemos gemido los dos en asonantes
melodías , latidos y cumbreras.
Sí que ha muerto el dolor y eso es bien cierto.
Nunca seremos un amor que añora
la bella valentía del intento
de ser grito de placer en el silencio,
luz que no cesa, realidad que aflora,
en la certera palabra de Ridruejo.
Poema iluminado
Qué importa la variable del relámpago,
en tanto el pájaro asustado
busca en la selva ,
la sombría complicidad del musgo.
Una fábula convencida y la duda
alterando el tacto sobre lo que siempre arde.
La luz sigue su marcha entre sombras segadas.
Variable o constante, es
señora justiciera de tinieblas.
Qué sería sin luz
el ojo tatuado en la palma de una mano.
Qué sería de los labios que buscan a ciegas
la humedad de otra boca,
la tersa piel del estremecimiento
y el latido profundo que ilumina,
(luz que no es luz)
desde la entraña a la gloria .
El fuego crepita y se retuerce.
La chispa entre dos piedras
intimida aún al bramido de los siglos.
El tiempo pasa sobre cenizas
donde el tizón persiste
iluminando.
Poema iluminado
O que importa a variedade do relâmpago
enquanto o pássaro assustado
busca na selva
a sombria cumplicidade do musgo?
Uma fábula convencida e a dúvida
alterando o tato do que desde sempre arde.
A luz segue sua marcha entre sombras ceifadas.
Variável ou constante é
senhora justiceira de trevas.
O que seria sem luz
o olho tatuado na palma de uma mão?
O que seria dos lábios que buscam às cegas
a umidade de outra boca,
a pele polida do estremecimento
e o latejo profundo que ilumina
(luz que não é luz)
a glória desde a entranha?
O fogo crepita e se retorce.
A fagulha entre duas pedras
ainda intimida o bramido dos séculos.
O tempo passa sobre cinzas
onde o tição persiste
iluminando.
Siempre se salva un niño
Un odio definitivo y sólido
arrastra los resabios temblorosos
de la pequeña última muerte.
Sarcófago inventado donde
la nada se arrebuja en los rincones.
Batalla devenida como toda batalla,
sin precisar la chispa que la engendra.
Turbio lastre de la frustración
moviendo personajes contrahechos,
mientras los hilos se mezclan y confunden.
¿Dónde se apaga el odio?
¿En cántaros de cobalto?
¿En caminos de espuma donde perder su huella?
Las palabras borran un rostro
entre la niebla espesa del futuro,
y las manos intentan
destruir lo abominado, el sinsentido.
Cuando se aquieta el derrumbe,
entre los escombros,
siempre se salva un niño.
Hechicería
esta hierba que crece
sobre mis muslos estremecidos
capim tierno al que mueve el viento
aliento de tu furia sobre mi verdor
mágico embrujo como si
fuera un jardín de lavandas que vibra solo
entre el encanto entrelazado
de lenguas
que hablan sin pensar apenas
en la cruda fuerza de mi espanto
en tu himno vibrante
en esta danza proteica y fantástica
esta alucinación
hechicería de a dos
luz fusional
alarde bicéfalo
latido de vacíos
que se nutren de promesas
en medio de este
intimo deslumbramiento
de uno
en el otro
solo somos la magia
de dos brujos midiéndose
en el encanto extraño
de ausencia
y distancia
Diabólicamente bello
A veces veo sin ver,
un desgarrado sueño que he perdido y recupero.
En el ir y venir desde la nada al todo,
ese fragor al que asomarnos,
regalo de ángeles provocantes,
concesión de dioses paganos.
Me miras desde lo inmenso
y mi espíritu responde descarnado,
despojado de piel y huesos,
solo suspiro, temblor y latido.
Una especie de seducción por resistir lo irresistible,
se soporta como una sentencia leve,
como un sino que no podemos ignorar,
un derrotero onírico fulgurante.
La clave está en la asonancia de un coro
de voces diabólicamente bellas,
un irresistible canto de sirenas.
Voces de seres ciegos que nos habitan
descubriéndonos uno al otro,
palpando nuestros cuerpos aún no revelados.