La suerte de Alguien

Julio Olaciregui
Julio.OLACIREGUI@afp.com
Escritor colombiano residente en París

Para Antonio Morales Riveira.

Muchas veces se nos preguntó cuál fue el origen del argumento de "Mi corazón al azar", el film que marcó toda una época y contribuyó de alguna manera a mitigar el odio en nuestra nación. Tuve la suerte de trabajar en la redacción de ese libreto con el poeta Julián Goya Brochero y espero no traicionarlo si cuento ahora las circunstancias en que se nos ocurrió la historia. En una libreta de esa época encontré frases como "García Lorca te puede salvar", "Contra la anorexia política", "Lejos del mundo heroico", "Instrucciones para no estirar la pata", "Ulises paraco"*, que intentaban resumir la imposible historia que deseábamos contar. Gerardo Otero, el director de cine caleño, nos había encargado un guión original sobre la abolición del sorteo de almas en Colombia, en clara alusión a la primera frase de La Vorágine**. Julián, como buen intelectual, enredó el asunto al tratar de meterle a la historia alusiones al canto IX de La Odisea, donde Ulises, muy avispado, se comporta como un "paraco" al sacarle los ojos a ese varón gigantesco y caníbal —lejano ancestro quizás de los indios caribes—  que estaba tranquilo en su tierra.

El principal interés de los reporteros extranjeros que nos entrevistaron en el festival de cine de Cartagena ese año era saber cómo había surgido la idea de ese humor asociado a la buena suerte que salvó a nuestro protagonista impidiéndole ganarse el gordo en la rifa de la violencia. La idea para "Mi corazón al azar" surgió un día de elecciones. Resulta que ese domingo salimos del consulado después de votar, echando ojo en la rue de Berry a ver quiénes parecían ser simpatizantes del Partido de los Avispados. Se decía que en París vivían algunos familiares de aquellos "matones electorales" que intentaban tejerse una leyenda heroica nacional y pasar por inocentes más allá de las fronteras.

Por efectos del Sol que brillaba cuando salimos a la calle se nos subió la nostalgia por la lejana tierra nuestra. Una señora en un automóvil vendía empanadas con picante y pan de bono. La llegada de muchachas con caderas de múcura y mochilas guajiras alimentó el espejismo, nos hizo viajar, nos creíamos casi en Colombiche, "paisalandia sin madurar de palmeras y montañas, suelos esmeralderos, playa, brisa y mar", como decía Julián en uno de sus textos. De repente, de una callada manera, nos sentimos esperanzados, gozando con la ternura de las nenas, admirados porque no eran anoréxicas políticas y ejercían el derecho al voto, veíamos ya a nuestro candidato pasando a la segunda vuelta. A causa de la diferencia horaria en París debíamos velar hasta altas horas de la madrugada para saber, como dijo mi ex-novia Rosa Helena desde Barranquilla en un mail, que "a nuestro país le espera el abismo, una inminente dictadura... ya se está hablando para cambiar de nuevo la Constitución y aprobar la reelección por tercera vez, qué tal". (Ignoraba yo en ese momento que íbamos a romper por culpa de la política y el alcohol).

Ese domingo me había encontrado en el consulado con Julián, quien aún miraba ilusionado y sonriente con sus ojos de "buey" (amigo o cuate en la acepción mexicana) aquella pequeña multitud colombiana con su algarabía de aspecto democrático. Creo que fue entonces cuando tuvimos la visión de nuestro personaje, fue una verdadera aparición, los dos creímos ver en la acera de la rue de Berry a ese varón gigantesco con un solo ojo a quien sus amigos llamaban "Alguien", un muchacho, un asilado político, estudiante de "sociología de los desplazados y las fronteras", un coloso solidario, asociativo, ecologista, tierno, despeinado, sonriente, lleno  de  gracia —quedó para siempre con la piel erizada, los pelos de punta y la carne de gallina, el pánico que sintió al encontrarse con los dos matones electorales a veces le venía en las pesadillas...

—Qué suerte... mira, mira, dijo Julián, ahí está Alguien, el cíclope colombiano, ha venido a votar, es un rey tuerto en nuestro país de enceguecidos... el hombre que se las ingenió para no arrodillársele a la muerte, el único que ha logrado darnos unas "instrucciones para no estirar la pata", en otros lugares dicen "desencarnarse", o "dejarse matar"... ¿recuerdas? Sucedió en una carretera de las afueras de Florencia, Caquetá, mítica ciudad del trapecio amazónico... él andaba en bicicleta por esa carretera a las siete de la mañana, hasta ese día había tenido buena suerte, era un hombre generoso, defensor de los derechos humanos, y no un monstruo resentido como sus perseguidores, la misteriosa mala-suerte a veces se encarna en los cometierras, vecinos descomedidos, políticos envidiosos, bestias desalmadas, gente mala-ley del Partido de los Paracos de Avispas, esos hombres se la velaron a este muchacho, eran dos matones electorales en una motocicleta, le dieron alcance para intentar borrarlo del mapa... el matón principal se le acercó y sacó un revólver como abriéndose la bragueta, se lo mostró amenazante...

—Eres tú Fulano de Tal, ¿verdad? Te andábamos buscando... arrodíllate que te vamos a matar... y el muchacho que era aún normal, flaco con sus dos ojazos bien abiertos, temblando, gagueando, les dijo ¿ma-matar? ¿arrodillar? Pero, pero... qué he hecho, por Dios, yo lo que hago es defender a la gente, defender el medio ambiente, las asociaciones populares... el matón lo apuntó y él le agarró la mano desviando el revólver, la bicicleta se cayó, empezó el forcejeo de vida o muerte, él se le echó encima, ... me le eché encima al hombre que no había podido armar el gatillo aún, contó, yo estaba atlético por andar en bicicleta, el hombre del revólver trastabillaba sintiendo que yo le estaba ganando, hey, hey, le dijo al otro que lo esperaba con la moto encendida, vení, vení ayúdame a matar a este HACHEPE, gritó, yo vi por el rabillo del ojo que el matón auxiliar dejaba la moto y curucuteaba en su mochila sacando un cuchillo de carnicería, NOJODAA no, nojoda, no, eche, así no, ay, eh, así no, dije, saqué fuerzas mientras seguía forcejeando con el primer matón, hey BAASTA... PA... paren... oye para qué cuchillo si con una bala BASTAAA les grité, el hombre de la puñaleta no se esperaba la frase, se quedó quieto, sorprendido, por eso no me la clavó, el hombre del revólver aprovechó que yo había aflojado la presión y disparó contra mi rostro, ¡puMUmm! a siete centímetros de la sien derecha el cañón, ahí fue la explosión, el aire succionado en torno a mí, vi todo rojo, sentí una quemadura o un cuerno de acero que me entraba, me vine al suelo, la bala me entró por la sien derecha, ahora la tengo aquí, en la mandíbula, ha bajado, pero cuando me entró el hueso parietal la paró, ya este hijuetantas se murió, dijo el matón, yo estaba volqueto, ahí tirado desangrándome boquiabierto con los ojos cerrados pero consciente, rrrrruunmnnmnnn, rrrummm... oí que se alejaban en la moto, todo fue quedando en silencio, náuseas, la boca reseca, me estaba yendo, desangrando, me desangré, qué tiempo había pasado, no sé, sentía ese frío blanco en los pies del que habla García Lorca, lo sentía subir por las rodillas, empecé a temblar, ahí tirado en la carretera me dije: "Ve, estoy estirando la pata" como dice la gente, eso me hizo sonreír para mis adentros, alejé el dramatismo de la muerte, me arrastré como pude hasta la bicicleta, yo siempre llevaba agua, tomé un trago, ya no tenía fuerzas, me estaba ahogando con mi propia sangre coagulada, me despejé un poco... me quedé ahí a un lado de la carretera medio muerto pienso tratando de sentarme, veía todo nublado, de repente pasó un bus, la gente gritó al verme, pararon, unos minutos después, qué casualidad, pasó mi papá en su carro, me recogieron, un amigo me abrazaba, me acariciaba la cabeza, tranquilo, tranquilo, yo sentía mucho frío, él me daba calor... perdí el ojo derecho, en el hospital me iban a rematar, pero lograron sacarme de Colombia, y aquí sigo en París luchando por el movimiento asociativo... meditando en esa linda frase de un amigo filósofo de la Nacional: "No abandonarnos más a los pánicos de las tinieblas"... Esa es la onda, buey, ¿vale?

* La ex ministra de cultura Consuelo Araújonoguera, muerta en un tiroteo entre sus secuestradores, los guerrilleros de la FARC, y el ejército, redactó un diccionario sobre la manera de hablar de la gente en Valledupar. Allí define lo que llamamos PARACO: Panal que hacen las avispas en las ramas de los árboles o en cualquier otro lugar donde haya madera y que al ser movido o destruido enfurece a los insectos, que atacan y pican. “Calixto alborotó un paraco grandote que estaba ahí en ese algarrobillo y las avispas casi nos matan. Estamos hinchaos por todas partes”. 2. Por extensión, escándalo, gritería o bochinche que se arma por cualquier motivo o a veces sin ninguno: “Aquí no me venga a formá paracos por no dejá, a mí me respeta usted, ¡nojoda!”. Ahora "paraco" se les llama a los milicianos de ultraderecha ligados con las fuerzas militares oficiales.

** Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia...
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©   Julio Olaciregui

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 35
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2008

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
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PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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