Paradero
de
amor
Osiris Pallares
Institución Educativa INEM “Miguel Antonio Caro”
Soledad - Colombia
Se encontraban siempre puntuales. Generalmente, quien llegaba primero era él. Ella lo descubría en la distancia y pensaba que su cuerpo no reflejaba la alegría, el miedo y todos esos sentimientos que estremecen el cuerpo cuando se descubre a quien se ama.
Él nunca se impacientó pues sabía que ella nunca lo dejaría plantado por nada. Así que cuando se daba cuenta de que su amada ponía los pies en el andén con la mirada fija en él, sonreía pero solo para sus adentros.
Cuatro meses duraron en esa rutina de mirarse a los ojos cuando se encontraban en el paradero. En ese lapso ninguno le sonrió al otro. Al llegar, cada cual pensaba en el otro simplemente. Ambos sabían que se pensaban e imaginaban.
La relación que mantenían no necesitaba palabras. Estaban enterados. Las palabras dañarían el mágico juego que ambos habían construido. Al menos en esos instantes no eran necesarias las frases.
Cada quien averiguaba sobre la vida de su amor con los amigos comunes. A ninguno de los dos le pasó por la mente pedirle a uno de sus amigos que los presentaran. Ni él ni ella se imaginaban diciendo: “Mucho gusto. Santiago”. “Hola. El gusto es mío. Sumi”. Ellos solo esperaban la salida del colegio, el cruce al otro lado de la autopista y la llegada al paradero para lanzarse esas miradas llenas de amor y pasión.
Probablemente si alguno de ellos hubiese sabido lo que vendría, hubiera apresurado sus actos.
Fue en una tarde de junio. Como era de esperarse, Santiago estaba en el paradero con su imbatible paciencia. Esta vez no divisó a Sumi, quien, en cambio, lo había distinguido a la distancia. Ella llegó. Se miraron, se miraron y se volvieron a mirar intensamente. Ella se acercó. Se besaron. Se dijeron, con ese beso, todo lo que debían decirse. Eran felices. Por fin se hicieron novios. Todo por sus ojos. ¿Quién diría que serían ellos, sus ojos, los que los separarían para siempre.
Se amaron intensamente. Llegó septiembre. Una tarde de encuentro, él aguardaba por ella. Ella no esperó y cruzó la autopista. Tiró su vida a la basura. Dejó en el pavimento su existencia. Tal vez por mirar a Santiago, no reparó en el veloz camión.
Ahora ella lo espera pacientemente. Él, siempre puntual, antes de llegar, compra en las afueras un ramo de rosas.
LA AUTORA:
Osiris Pallares es estudiante de Grado XI en la Institución Educativa INEM “Miguel Antonio Caro, de Soledad (Colombia). Pertenece al Taller Literario “Álvaro Cepeda Samudio", orientado por el profesor Manuel Guillermo Ortega (Guillermo Tedio).
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© Osiris Pallares
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 35
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2008
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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