El alma de las palabras en Meira Delmar

Andrés Elías Flórez Brum
andreseflorez@hotmail.com


Homenaje a la poeta Meira Delmar
en el XVI Encuentro de Declamadores y Poetas, Chinú, diciembre 2008.


En la literatura de las escritoras  del Caribe, una de  las que más ha florecido es la poeta barranquillera Meira Delmar.

Y de su poético seudónimo, una acepción podría ser: Flor del Caribe cuyos pétalos  siempre giran  sobre el mar en torno a la luna y el sol, en canto de amor.

De este jardín  de la ternura y el amor, el arte y la literatura,  contemplamos con admiración, como en una pintura de Enrique Grau o de Cristo Hoyos Mercado, sus apariciones en este marco.

Siguiendo un orden casi cronológico, destacamos los nombres de: Lydia Bolena, Olga Salcedo, Amira de la Rosa, Marvel Moreno, Fanny Buitrago, Nora Puccini… Hasta las más cercanas: Lidia Salas, Margarita Galindo, Nora Carbonell, Lya Sierra, Mónica Gontovnik, Tallulah Flórez, Lauren Mendinueta…

De estos nombres salta el de ella, Meira, como estrella vespertina o como sirena en pos de Ulises. Esta giraluna-sol   ha destellado con luz perenne dentro del grupo de escritoras de Barranquilla.

Meira Delmar ha moldeado, con entereza   y pasión, el  alma de  las palabras, tanto en la prosa como en el verso.

De Amira de la Rosa, en homenaje,  dice: “Amira de la Rosa y Barranquilla andan juntas en tal armonía, que basta nombrar la una para pensar en la otra, así como basta decir 'el alba' para que en nuestra frente surja el rostro de la luz.” De Nora Puccini de Rosado, en la presentación del libro De las cosas pequeñas, dice: “Luego la mirada se pierde alma adentro, y el hallazgo ahora es el amor, que le fue dado en plenitud y le ilumina el camino.” De Margarita Galindo celebra al presentar la obra, Tocado por el Ángel: “Cuando tuve en mis manos la copia del original de Tocado por el Ángel, y me iba  acercando a las páginas finales del hermoso poemario, me fue dado escuchar, tal como una canción que trae el viento en la noche enlunada, o el tintineo de la lluvia en el alba, un aleteo suave, un batir de alas que me dejó en un suspenso de sorpresa. Refiriéndose a Alejandro Obregón, Meira dice: “Para decirlo de prisa, es como si entre los ojos y el color no hubiese el mínimo obstáculo, ni siquiera el velo del aire; así de perfecto es el encuentro.”

En un homenaje a ella, a  Meira,  en el Encuentro de Escritores de Chiquinquirá, dijo en la plazoleta Julio Flórez: “Yo quisiera tener mis manos y mis dedos como el mar Caribe, para abrazarlos a todos.”

Ahora, en sus 86 años de poesía y vida, a la Agencia  EFE en Madrid, antes de un recital, expresa: “La primera inspiración de la poesía es el amor, pero en mi poesía lo primero es el sueño del amor.”

De manera que desde la prosa,  se percibe que las palabras van adquiriendo alma en la expresión y creación de Meira Delmar.

En efecto, para  afirmarlo también en la poesía sirve de apoyo teórico el texto: La palabra en la vida y la palabra en la poesía, de Mijail Bajtin, quien afirma: “La palabra tomada aisladamente, como fenómeno puramente lingüístico, no puede ser  verdadera, ni falsa, ni atrevida, ni tímida.” Y más adelante agrega: “La palabra es el esqueleto que se llena de carne viva sólo en el proceso de la comunicación social viva.”

Es decir,  que las palabras, en el juego metafórico del artista, tanto en la prosa poética como en la poesía, se van rellenando por dentro como de  almendra, de nuez, de miel, de esencia, de sustancia; untado de ello,  en la obra artística, de alma o espíritu, de vida.

Sintamos la vida que adquieren las  palabras en ese conocido poema “Soneto a la rosa”, en sólo tres de sus versos: “En las manos del alba vi la rosa”, “Con un alto vaivén de mariposa”, “arroyo de insistente melodía”.

En el poema “Palabras, palomas”, dice: “A veces vuelan las palabras/ como palomas que huyen/… La página, entonces,/ interrumpe su andadura/ y se queda en suspenso/…"

Y luego: “Un vuelo repentino de palomas/ interrumpe el silencio./ Dejo el libro un instante/ detenido./ Y mis ojos descubren en el aire/ la blanca estela/ del temblor alado.” Diría que la imagen  que aparece frente al creador, le hace interrumpir la lectura  del libro abierto, para entonces escribir y releer  en la agenda o al margen del libro, el  poema que le ha  inspirado el vuelo de las palomas en su cielo, realidad y/o ficción."

En este siguiente poema, todo es llama, chispa, lumbre, llamarada, para no decir hogar, cuando expresa: “Nunca supe su nombre./ Pudo/ ser el amor, un poco/ de alegría, o simple-/ mente nada./ Pero encendió/ de tal manera el día, / que todavía/ dura su lumbre. / Dura./ Y quema."

En “Perfume”, canta: “Vuelvo a tenerte, amor,/ como  si nunca/ te me hubieras ido./ Tus manos me recorren/ el rostro suavemente,/ y te oigo la voz en un/ susurro/ que me roza el oído./ Vuelvo a tenerte/ y pienso en el perfume/ que de nuevo me hiere/ aunque el jazmín no exista."

En Meira, el amor  es esa fuerza que sale del sujeto que ama hacia el objeto del deseo, es decir, que como en el verdadero amor, no importa, para el ser enamorado,  ser correspondido, pues sólo basta con dar amor…

Hay en ella una casi total ausencia del dolor, de la nostalgia, del sufrimiento y de la tristeza. Es un canto de vida,  pasión y alegría por las cosas que la rodean y, a pesar de la ausencia, la distancia, el abandono o la partida, en su corazón se sigue amando: 

“Allá: Si acaso al otro lado de la vida/ otra vez, por azar, nos encontramos,/ ¿se reconocerán nuestras miradas/ o seremos tan sólo un par de extraños?/ De todos modos te amaré lo mismo./ Juntos. O separados."

Entonces,  para este admirador de la resonancia de estos versos,   no es tanto la palabra que funda sino que crea y brota en llama viva de alma y corazón. En Meira,  el mar es un inmenso espejo donde se reflejan las cosas y los seres objetos de inspiración y pasión: gaviotas, palomas, alcatraces, garzas… Y aparece en la distante  o cercana  isla el ser amado.

En el canto de Meira, en el fondo, nada se abandona, ni se olvida, ni se aborrece, ni se cobra. Por el contrario, el amor es  cascada  o  surtidor de fuente que brota en mariposas, palomas y rosas sobre el espejo del mar.

En “Instante”, última estrofa, expresa: “Ven conmigo y fijemos el instante/ —mariposa de vidrio— / en esta página.”

Comenta el filólogo Mijaíl Bajtín: “Porque el poeta no escoge sus palabras de un diccionario, sino del contexto de la vida en la cual las palabras se sedimentan y se impregnan de valoraciones. Y frente al mar, la playa, la arena y los barcos, aparecen las palomas, los alcatraces, las garzas, las golondrinas, y en este universo tan Meira, la poeta ve, presiente y siente la impronta del ser amado.

De suerte que la prosa en Meira, es una prosa alegre, de un lenguaje elegante, como si sopesara las palabras para su levedad, atractiva y seductora, pues guarda en su seno la presencia del ángel del buen decir. Como si sólo se encargara de comentar lo que le causa completo placer. O rescata del referente lo que la devuelve al mundo de la fantasía.

En la poesía el placer es mayor. Por ejemplo, estalla en nuestros sentidos la imagen  de esta casida: “Sola,/ en el azul de la mañana vuela/ una garza./ Sabe Dios qué poeta distraído/ dejó que se le fuera/ una palabra.”

En el siguiente haikú, se nos revela ante los ojos la doble imagen de la golondrina, la que vuela y la que se refleja: La golondrina/ deja caer al agua/ su sombra fina”. Se advierte también la levedad de las palabras llanas.

El  estado de ánimo que recrea el poema de Meira en el lector, se debe al estado de alma que desde la misma vida le ha inyectado la poeta en la creación. Se convierte el poema,  ante los ojos del lector, en un espejo donde las palabras se contemplan con la sensación de estar dentro del corazón del  sujeto u objeto  que se ama. La intensidad emotiva del poema recorre en el lector, como en el autor, piel y cuerpo, entrañas y corazón. El acontecimiento se revela en una sola pasión consubstancial al ser autor y lector.

Basta, entonces,  tres palabras,  tocadas por la sensibilidad  y el canto de vida  que les ha puesto Meira,  para quedar en la lectura ebrio de amor y ensueño: “En las manos del alba vi la rosa.”

Bibliografía:

DELMAR, Meira. Poesía y prosa. Barranquilla, Uninorte, 2006.

BAJTIN, Mijail. Hacia una filosofía del acto ético: La palabra en la vida y la palabra en la poesía. Madrid, Anthropos, 1997.

GARCÍA MAFFLA, Jaime. “La lectura de la poesía”. En: Cuadernos de literatura. Pontifica Universidad Javeriana, Volumen III, No. 5, enero-junio 1997.

El autor:

Andrés Elías Flórez Brum es escritor colombiano. Ha publicado los libros de cuentos: Los perseguidos, Viñetas de amor y de vida, La obsesión de vivir, Historias Trenzadas, El trompo de Arcelio; las novelas: El Visitante, Este cielo en retratos, La vendedora de claveles. Ha sido incluido en varias antologías y traducido al inglés.
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©   Andrés Elías Flórez Brum

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 29
Abril-Mayo-Junio de 2007

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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