Para qué recordar
Novela de  Roberto Montes Mathieu

Albio Martínez Simanca
albiomar@hotmail.com
Profesor e investigador cultural

MONTES MATHIEU, Roberto. Para qué recordar.
Bogotá,  Ediciones ASECARIBE, 2008, 194 pp.

Roberto Montes Mathieu nació en Sincelejo (1947). Es abogado, docente universitario, ensayista, investigador literario y musical. Ha publicado los libros de cuentos El cuarto bate (1985), Tap Tap (1991) y Divinidad obscena (2008). Jurídicos: Estructura y organización del Estado colombiano (1990) y Nociones de Introducción al derecho (2003). Es también coautor de la Antología del cuento caribeño (2003).


Escuchar un capítulo
en la voz de su autor:

































Escrita hace más de veinte años, Para qué recordar es un homenaje a una generación de adolescentes que en la década de los sesenta en una ciudad de nuestro Caribe colombiano, descubrieron el amor —tan ilusorio entonces como misterioso—, el sexo, la dulce evasión de las fiestas. La alegría y preocupación del colegio y, sobre todo, la música como parte esencial de la vida, que en ese momento eran Los corraleros de Majagual y la Billo's Caracas Boys con los boleros en la voz de Felipe Pirela, en ocasiones Alfredo Sadel y hasta José Luis Rodríguez, que se iniciaba con los inolvidables mosaicos.

Con la magia de su rposa rigurosa y precisa, donde cada palabra y cada giro es un universo de belleza lingüística, Roberto Montes Mathieu nos introduce en la mentalidad volátil del personaje que en primera persona vive y sueña o cree vivir lo que sueña, sin que sepamos a veces desde qué lado cuenta la historia, y como es característico en el autor, con un despliegue de técnicas narrativas que nos lleva de Joyce a Salinger pasando por Carroll y Cortázar, sumergiéndonos en las pegajosas letras de los boleros que en la época en que transcurre la novela, eran la respuesta y solución a las incertidumbres juveniles.


















Para qué recordar:
'La volátil juventud',
entre el rigor de la prosa y la magia del bolero

Mara Castell
maracastell2@hotmail.com

  La música, vestida de mujer bonita con piernas largas y torneadas y pies como tallados con cincel enfundados en zapatillas rojas de tacón alto, se adueña del espacio de la añeja novela que nos regala Roberto Montes Mathieu, la seduce, la cautiva, la hace suya y en contravía de la letra del bolero que le da su nombre, con la evocación provoca la sonrisa placentera, la amplia carcajada y matiza el color de la mirada en lontananza

La novela, que después de treinta años de escrita, en la realización de un sueño publica Roberto Montes Mathieu, transcurre entre el frenesí del deseo y el mar de soledad que inmortalizó Felipe Pirela en sus boleros, extremos entre los que se ha desenvuelto la vida del autor.

Entre líneas desfilan descritos con maestría a través del trasegar de los jóvenes personajes y de los sucesos, los años sesenta en el caribeño pueblo de Sincelejo:

—La vida doméstica con su carga de vaivenes.

—La familia como eje fundamental de la sociedad de entonces: El padre como autoridad y jefe y como discreto pero certero apuntalador de la vida sexual de sus hijos varones; la madre dócil, diligente, hogareña y a veces —muchas veces—, alcahueta con alas de ángel; los hijos menores, pequeñuelos queridos y mimados que merecen buen ejemplo y la empleada doméstica, casi madre, siempre servicial y vigilante, siempre objeto del deseo, casi siempre solaz de iniciación y escuela para adquirir experiencia sexual sin protestas, sin indiscreciones y sin exigencias.

—El machismo generalizado que consideraba a la mujer inferior y subyugada

—Los refranes en un lenguaje caribe que desnudaba la forma de
concebir la vida:

Iremos a su casa presentándonos cara de perro.
Sudaba como caballo.
Cogedor de puntas.
Pájaro azulejo que vive de guayabo en guayabo.
Si fu novia perjudica tus estudios, deja tus estudios y perjudica a tu novia.

—La carga de sarcasmo en las expresiones:

A un burro no se le puede exigir que coma dulce.

—La sexualidad siempre presente en el pan de cada día:

Hay que caparlo.
La triste suerte de un eunuco.
La bestia dormida.
...ocho pulgadas templadas llenas de vida.
Mira lo que tengo aquí en el medio para tu remedio.

—Las hoy desuetas artes de conquista:

Allá le compro dulces, sobre todo colombinas pora que vaya practicando.

—La forma simple y elemental de ocupar el tiempo que la modernidad complicadamente ha llamado estrategias de ocupación del tiempo libre. ¿Qué adulto de hoy no soñó, rio o derramó lágrimas con un cuento de Periquita, La Pequeña Lulú, Supermán, Archie, El Llanero Solitario, El Santo?

—Las costumbres: La sopa de mondongo en el mercado para matar el guayabo, la obligatoria sobremesa con el consabido: "Atención, urgente, urgente...”, del radioperiódico de Aurelio Gómez.

Pero más que todo eso, Para qué recordar es una novela casi autobiográfica, es el alter ego de Roberto Montes Mathieu: Algo de él hay en sus amigos y algo de sus amigos hay en él: La inteligencia, la respuesta pronta, la terquedad, la afición por la música, el liderazgo, la mordacidad, ese fino humor que en su trasegar literario lo ha identificado, la rebeldía que tuvo su expresión en los movimientos estudiantiles de la época, la soledad y la nostalgia ligadas a sus primeros años de vida, la mirada investigativa, la capacidad analítica y la obsesión por la figura de la mujer: “senos pequeños, cintura delgada, caderas grandes y piernas torneadas.”

Descritos con maestría y personificados por Salvador, Leonidas, Carmelo, Chachón, Tiko, Cotilino, Gustavo, Miguel Antonio, Champa y Prósperopitecus, están entre otros Salvador, a quien dedica la novela, los escritores Jaime Martínez y Humberto Vélez, el docente y periodista Víctor Uribe y, para no hacerme extensa, otros que como estudiantes o docentes hicieron historia en el Liceo Bolívar de la época.

No se quedan atrás en la trama de la novela típicas calles y sitios de encuentro de Sincelejo: El Zumbao, el Puente Pintao, La Catedral, el Parque Camellón, tampoco los bares de la ciudad y sus putas, contados con desparpajo desde la cama de Arturo, el personaje principal en una noche de insomnio: El Champion, El Cocodrilo, El Águila, El Antro, La carreta, Mi Cafetal y la Negra Inés, Rosa, Tania, Cordelia y La Licuadora.

Para qué recordar es además y por encima de lo anterior, una lección de música, de aquellas melodías que despertaron amores, hicieron menos densa la perfidia, llenaron las horas vacías y animaron la parranda: Los Corraleros de Majagual, el acordeón de Alfredo Gutiérrez, la Billo's Caracas Boys, Daniel Santos, Lucho Pérez, Francisco Simón Damirón, Rafael Menaya, Pello Torres y sus Diablos del Ritmo, Joaquina del Portillo o Marian Greve, José Luis Rodríguez, Cheo, y sobre todo de Pirela y Sadel. De música entretejida magistralmente con una prosa precisa, con giros literarios y con técnicas narrativas que nos envuelven en un personaje del que una vez finalizada la novela no sabemos con precisión si vive, si sueña o si se engaña y nos engaña creyendo vivir lo que sueña.

Para qué recordar es la mejor afirmación de que recordar sí vale la pena.
________________________________________
©   Roberto Montes Mathieu
©  Albio Martínez Simanca
©  Mara Castell

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282
Ensayo

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 35
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2008

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v9n35rec.html