Barrios, metamorfosis del sueño y la idea
Alvaro Suescún T.
Publicado en Revista Dominical, El Heraldo
Barranquilla, domingo 9 de Julio de 1989.
También en Arte, Revista del MAM de Bogotá
Edición No. 8. 1er trimestre de 1990, pp. 87-88.
La obra artística de Barrios ha llegado a la madurez de una nueva e importante etapa, la de las “Metamorfosis”, temática escogida para soltarle riendas a su “iluminación”. Es como si se pudiera tomar una licuadora para verter en ella todas las etapas anteriores para producir de esta manera un nuevo y soberbio espectáculo de la imaginación, una especie de “falsa retrospectiva” como gusta a él llamarla pues incluye ingredientes que le son propios a su período de los “comics”, otros de Sueños con M. Duchamp, sus preocupaciones para insistir en la producción de “Arte dentro del arte”, aspectos de su más encumbrado período “Conceptual”, y con ellos, dibujos, collages, aguatintas, cajas, en fin, una metamorfosis que parte del artista mismo para mostrar el estilo de mayor depuración, más desarrollado y mucho más sofisticado.
El punto de partida según la mitología griega fue la transformación del caos en el cosmos. El tema le sirvió como fuente de inspiración para el trabajo que llevo al Salón Nacional de pintura en Cartagena. Una evocación de los Museos de Historia Natural, y, aunque pudiera ser, en ella no interviene el clima de plácida ensoñación que sugiere la mayoría de las obras suyas. La violencia y una gestualidad amenazadora están allí presentes como reflejo de la pesadez agobiadora del clima que campea. La composición es adredemente abrupta y hostigante, sugiere la ferocidad animal e, ingrávida, una piedra se multiplica en los espejos como mole amenazante...
Su primera obra con esta nueva temática fue una variación de Las bodas de Baco y Ariadna, realizada luego de unos días de asimilación histórica por los terrenos de la mitología y de la filosofía que incluyó La Metamorfosis, de Ovidio, La Biblia y muchos textos de mitología greco-romana, a todo esto se sumó la presencia de algunas de las muchas técnicas que ha practicado desde aquellos dibujos académicos sugeridos por Magritte, sus contactos iniciáticos en el mundo onírico, los mares sin piso próximos a su desborde, cielos nocturnos ahogados en el esplendor iridiscente de sus estrellas, mezclando personajes de sus “comics” que pertenecieron a una muy añeja época, así paulatinamente, hasta darles vida propia a nuevas situaciones como la sugerida por la presencia de Mandrake en la Transformación del caos en cosmos en el cual el juego con la ambivalencia del grafismo entrega las figuras a la manera de las tiras cómicas, y el dibujo de reminiscencias clásicas en claro estilo neofigurativo. Una suerte de collage entretejido por la técnica y el concepto que, en su complementación muestran la expresión formal del dibujo en los comics con categoría artística. Es un surrealismo muy particular, mezcla de Art Nouveau y Surrealismo clásico, como lo definió el crítico uruguayo Luis Camnitzer.


La obra expuesta en la Galería Elida Lara parte de visiones, de recuerdos, imágenes asociadas en las que Júpiter convierte en estrellas a las hijas de Atlas o cae sobre Danaes en forma de lluvia de oro. Los elementos fuego, agua, aire y tierra se involucran en el espacio sideral para insistir en la imagen de las siete lunas cabalísticas, todos estos cambios de forma o de estructuras apuntan en definitiva a lo que sería la transformación del propio artista en su inacabada búsqueda de su verdad, la del otro “yo”, para lo cual es determinante el método de trabajo elegido. Parte de un tema específico permitiéndole un espacio amplio y suficiente a sus cavilaciones (que son lo que él llama, “sus iluminaciones”) mientras toma forma en el transcurso de la ejecución de la obra. Casi siempre comienzan con el dibujo de una figura humana, un estudio elaborado sobre papel, algunas veces hecho con modelo, el cual sufre las correcciones de rigor. Le interesa que la figura mantenga, en lo posible, los ojos cerrados, que allí exista una atmósfera de apariencia insondable, que marque alejamiento, distancia con el espectador. Después lo traslada a un papel transparente y más tarde a otro blanco (especie de boceto que le sirve para idear la manera como se integrarán los demás elementos que hacen la composición). Viene entonces el trabajo de carpintería: acude a un banco de objeto recogidos o dibujados en donde tiene desde réplicas de aviones en distintos modelos, hasta capitales, balaustradas, bases de columnas, figuras de animales, etc. y tomándolos a su albedrío arma un collage cuyas características principales son el manejo de un espacio sin fronteras e ilimitado, de dimensiones próximas al absurdo, ilógicas, así también es el tratamiento del tiempo y de las distancias, conformando de esta manera una irrealidad que corresponde a una atmósfera onírica, el método científico es empobrecido por la imaginación.


Los sueños con Marcel Duchamp
No es desde el punto de vista esotérico como hace presencia Duchamp en la obra de Barrios. Su espíritu hace presencia como filosofía, como manera de concebir el arte y como desarrollo de sus ideas. Adrede nunca ha establecido comunicación astral con él, el arte por si mismo —como estado alterado de la realidad— es un trance en función de la creación.
Ha realizado como cien obras basado en estos sueños, que a diferencia de los sueños biológicos, han sido logrado a partir de sueños reales, a la manera de logros con metas prefijadas. Son obras de arte escritas por la imaginación en hojas volantes, pegadas a las paredes o, incluso, tratadas a la manera de las acuarelas tradicionales. Su campo de acción sigue siendo la materia y es ella quien lo impulsa a profundizar sobre la vida sensible, sobre sus potencias, el arte con su intuitiva presencia en una especie de atractivo y difuso dominador en el mundo de lo inconsciente. El sueño, así concebido, es aplicado a esas cosas fundamentales de la vida del artista —la obra siempre tiene en el carácter de autobiografía— no a la manera de un trance sino como deseo. La Imagen se enlaza entre lo conocido y lo incognoscible mediante una especie de exploración espeleológica en la vida íntima del artista. En Barrio se percibe además que lo consciente es una iluminación demasiado fría de la realidad, una disciplina lógica, rígida.

Es su imaginación la que avanza hacia la convocatoria de una espiritualidad evanescente, su filosofía de la cultura, para darle cabida a los mensajeros de sus propias palabras. Así, De Chirico, Canaletto, Piero de la Francesca, Hooper, Kandisky, Massacio, Picabia y el mismo Barrios —entre otros— son protagonistas de esas aventuras de la imaginación, espectáculos contemplados desde el ángulo de los deseos en los que las nostalgias y las aspiraciones son una jaula abierta poblando el cielo en cuyos espacios escapan las leyes físicas haciendo que carezca de sentido la gravedad. La lógica, y el principio de identidad perdieron su sentido en esa nueva realidad inventada mediante el recurso idealista del sueño.
Este aspecto de la obra de Alvaro Barrios sólo permite comunicación entre los intelectuales. Es un asalto de ironía y de fino humor que requiere, para su comprensión, una mínima formación teórica y un conocimiento expedito de la historia del arte y de sus protagonistas que le permiten hacer esa notable simbiosis intemporal que ocurre en sus “sueños” produciendo rupturas complementarias, como ocurre con su versión de Rrose Selavy (seudónimo de Duchamp, utilizado para firmar sus escritos) en la que fotografía su propia imagen como si fuera la de Rrose como si fuera Duchamp como si fuera a su vez otros personajes en una cadena de sucesivas suplantaciones que hacen una integración artificiosa de una serie de situaciones vivenciales que tienen como puntos comunes el ideal de un propósito deliberado.
Arte acerca del arte
Barrios es mitómano. Retoma la historia del arte para escudriñar en sus raíces exigiéndose un conocimiento profundo acerca de las obras que han modificado el curso de la humanidad abriendo de esta manera nuevas puertas que amplían sus perspectivas. En cuanto al manejo de la técnica en estos casos, no difiere en mayores cosas con respecto al tratamiento que da a sus otras creaciones. Cuando trabaja haciendo hincapié en estos conceptos es consciente de que lo hace por una elite, un grupo de conocedores que pueden interpretar esos códices para trasladarlos al campo común de una idea colectivizada par el disfrute del hecho artístico. Es evidente que este es el tratamiento que más obsesiones anuda en su imaginación y el que repite con mayor asiduidad, no es menos cierto que inmiscuirse en estos intrincados sectores de la memoria social trae consigo un comportamiento específico al que solo se accede por rutas especialmente demarcadas. Marcel Duchamp es quien más referencias acumula, por considerarlo seguramente el artista más importante de este siglo. Pero hay referencias notables sobre artistas del preRafaelismo, algunos simbolistas y, sobre todo surrealistas, Duchamp y Magritte son sus influencia formales. Del primero existe una versión de “El Gran Vidrio” en Venecia, que es a la vez una versión de Cannaletto en la que se encuentra una retrospectiva de la obra de Barrios hasta el momento de su factura. “El día que me quieras”, serie de serigrafías expuestas en la desaparecida galería Quintero es una variación de una obra de Edward Hooper. Una acuarela sugiere lo encuentros de los cuadros “Joven triste en un tren” de Duchamp y el Dick Tracy de Andy Warholl en una plaza de Venecia que es, a su vez, una obra de Cannaletto. Y, en esta exposición reciente de la Galería Lara hay un par de esos sueños que tantas veces hemos mencionado, en uno aparece Barrios vestido como Santa Claus buscando con una linterna de Diógenes algo sobre una roca plateada que se supone es Duchamp. La atmósfera del cuadro corresponde a De Chirico.
Pero existe también otra manifestación muy suya en este interesante aspecto de la elaboración de arte: poniendo en juego su habilidad para la ironización y el humor fino se ha inventado su propio museo, del cual tiene ya cuatro proyectos. Los Museos Duchamp de Arte Malo, iniciados en 1981 cuando envió a la última de las Bienales de arte de Medellín una obra De Szyslo con el título de “Las obras de arte malas son muy buenas”. A este museo alberga también obras de Roualt, Barrera, Baj, Arenas Betancur y Bernard Buffet. En teoría los museos tienen sólo obras de arte buenas, por tanto se supone que las malas no existen en ellos. La idea le vino cuando trabajaba uno de sus “sueños”. Había soñado que existía un Museo de Arte Malo a cuya entrada se encontraron Bernard Buffet y Georges Roualt, cada uno con una de sus obras bajo el brazo. Uno le dijo, supuestamente, al otro, ¿De modo que a ti también te escogieron para este museo? No, no —respondió el otro— solamente he venido para conocerlo. Ahora Barrios busca un espacio físico para este albergue que cuenta ya con su personería jurídica.




La obra de Barrios, ambiciosa en sus logros, ha llegado a su plenitud, está imbricada por los mismos hilos que zurcen una relación íntima en su unidad. Sus trabajos conceptuales correspondientes al período dedicado a Duchamp y sus trabajos en los que emplea los medios tradicionales como dibujo y pintura siguen flotando en esa atmósfera de misterio y fantasía que les son propios en el que su estilo sigue huyendo del agotamiento y de las limitaciones imaginativas. Si bien su incursión en los terrenos del concepto amplió las posibilidades de su obra ha tenido también a la mano otros medios para canalizar su expresividad, al igual que lo había logrado en su primera etapa, cuando a partir de los “comics” encontró una nueva vertiente para canalizar su proceder en el terreno artístico. Ahora mantiene una mezcla intuitiva de lo conceptual, lo tradicional y el surrealismo que hacen de lo suyo una nueva escuela que abre las puertas ante los ojos del mundo.
Alvaro Barrios al óleo
Ana Catalina Baldrich
Tomado de la Revista Cromos No. 4.450, mayo 26 de 2003.
Después de 30 años de experimentar con todo tipo de materiales, el artista barranquillero se arriesga con la más clásica de las técnicas. Estuvimos en su taller acompañándolo en las últimas pinceladas para su exposición en la galena de Jenny Vilá, de Cali.
El silencio del segundo piso de un edificio típico barranquillero sólo lo rompen Beethoven, Mozart y Chopin. Álvaro Barrios, a sus 57 años, se decide a remojar en colores para plasmar sobre lienzos, sus personajes imaginarios en 15 obras que desde esta semana se podrán apreciar en la galería de Jenny Vilá, en Cali.
El artista de la generación de Luis Caballero y Beatriz González reconocido por sus dibujos y collages, sobre obras preestablecidas, como lo hizo en la exposición hace dos años durante la Bienal de Buenos Aires en el Museo de Bellas Artes titulada 50 Caminos de la Vida. De regreso a Colombia decidió —también por primera vez— ampliar el tamaño de sus obras, buscando "rehacer la historia del arte a través de la fantasía".
Sin embargo Barrios se resiste a abandonar sus cómics y en su obra principal que se verá en Cali, Amor, introduce un diálogo entre los dos personajes del cuadro y retomando su tradicional collage introduce una reproducción en fotocopias a color de cada una de las pinturas que ella nombra.
Barrios, a finales de los 60, popularizó el arte pop de Andy Warhol, que se había tomado las galerías de Nueva York. A los 18 años el pintor caribeño introdujo las caricaturas cuando participó en el concurso de Homenaje a Dante, en Bogotá, con su recreación de la Divina Comedia con los Beatles y varios superhéroes.
Desde entonces su obra se ha expuesto en galerías y museos de Sao Paulo, Tokio, París y La Habana.
Para ver la SALA III de Álvaro Barrios, hacer clic AQUÍ:
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© Álvaro Barrios
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© Ana Catalina Baldrich
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
LA GALERÍA
Museo Virtual de Artistas del Caribe, MUVAC
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 36
Enero-Febrero-Marzo de 2009
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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La Galería
Coordinación:
Álvaro Suescún T.
Álvaro Barrios:
Del surrealismo al kitsch
(Sala II)
Álvaro Barrios, concentrado en su trabajo
como un personaje más de su mundo pictórico
Júpiter convierte en estrellas a las hijas de Atlas
Sin título, 2005
Acrílico y vinilo sobre lienzo
La tentación en el desierto
Tarjeta sepìa - Tercer Premio,
XX Salón Nacional (Colombia)
Instalación de un monumento público en Venecia
Acuarela, 1983
Las bodas de Baco y Ariadna
Metamorfosis II