Por ese camino, la polémica puede ser útil:
Jacques Gilard, en carta a Álvaro Suescún
(Septiembre 1 de 1998)
Introducción
Jacques Gilard, bien se sabe, una vez concluida su investigación sobre la obra periodística de García Márquez, por allá en septiembre de 1983, no regresó a Colombia. Sin embargo, se mantuvo al tanto del acontecer cultural de la región Caribe, a partir de un incesante intercambio epistolar con algunos de sus amigos, carteo en el que, además de preguntar sobre nuestra situación social y familiar, hacía preguntas y se explayaba con frecuencia con críticas y comentarios especialmente relacionados con la literatura.
En lo que a nosotros concierne, esa correspondencia que tuvimos el privilegio de sostener con él durante algunos años, por descuido, parece que la hemos perdido. No obstante, hemos rescatado esta carta en la que hace énfasis en una polémica que alcanzó a caldear los ánimos en algunos círculos intelectuales, sobre si García Márquez había formado su batería creativa principalmente en la Arenosa o en la ciudad Heroica.
Jacques Gilard hizo énfasis en el «Grupo de Barranquilla» mientras, en la otra orilla, Jorge García Usta, en lo que él llamó, a su vez, el «Grupo de Cartagena». En ese contexto, en septiembre de 1998, el profesor Gilard hizo algunos comentarios al respecto en esta carta que ilumina su carácter y muestra su preocupación por nuestra literatura caribe y, en sesgos, por la colombiana.
Fallecidos ya ambos escritores —intelectuales e investigadores a los que la literatura debe invaluables aportes—, nos queda el necesario y placentero deber de la lectura de sus producciones para comprender la esencia de nuestra cultura vista por dos enamorados de esta tierra, el uno —Jorge— desde el propio ámbito del Caribe colombiano, y el otro —Jacques— desde la mente y el corazón de un europeo que encuentra su razón de ser en el estudio de nuestra literatura.
Para mayor comprensión del texto, nos hemos tomado la libertad de agregar, entre corchetes, la respectiva aclaración acerca del nombre completo de los personajes aludidos o las situaciones comentadas.
Álvaro Suescún
Toulouse, Septiembre 1 de 1998.
Apreciado Álvaro:
Este año, Julio [Olaciregui] y yo hemos tomado vacaciones en períodos muy distintos, de modo que ya llevábamos tiempo sin hablarnos, y además las veces que lo llamé recientemente, era en momentos en los que no estaba en su casa, de modo que no tengo confirmación de si le llegó tu envío, que te agradezco mucho y espero con curiosidad. (Me está dando ideas, pero es para dentro de algún tiempo).
Interesante lo que me dices del encuentro de Gustavo Ibarra y Meira [Delmar] en Calamar; allí estuve una vez, en 1975, ciudad fantasma, al menos en algunos de sus barrios, con grandes edificios “belle époque” completamente vacíos; nostalgias de cuando el tren y el Canal del Dique [estaban en su apogeo]. Y veo que las tensiones entre ciudades y grupos, y tal vez entre generaciones, siguen vigentes. Eso me reaviva gratamente el chovinismo barranquillero. ¿Qué quieres? No me gustó Cartagena; y la verdad es que la actitud de algunos cartageneros hacia mí (o ¿de uno solo?) no es para que cambie nada en mis afectos.
Casi me asusta pensar que se leyó mi trabajo sobre escritores costeños escrito en otros años, cuando Marvel (Luz Moreno) era la gran desconocida, y ella en plena producción; trabajo combativo por lo tanto. Del que no discrepo hoy en día, al cabo de 13 ó 14 años, pero cuya agresividad probablemente mitigaría si tocara escribirlo ahora. No sé si recuerdas que lo reprodujo, al cabo de unos años, Eduardo Posada en el Suplemento del Caribe —que debía llamarse entonces Intermedio—, y hubo alguna protesta en el correo de los lectores. (Fue cuando Julio Roca iba a tomar la sucesión de Eduardo).
¿Qué es eso de un grupo de Cartagena? El que haya existido un grupo de Barranquilla les hace inventar cosas, ¿o qué?
El libro de Gustavo Arango, lo leí y hasta lo reseñé. También conozco el de mi gran amigo García Usta. Hay que ser bien pendejo para dedicarse a escribir un libro CONTRA una persona, como hizo él contra mí —porque también conozco su libro y también lo reseñé, con la ecuanimidad que supones.
Hay cosas muy bajas, personalmente imperdonables, en algunos de los infundios que insinúa, sin saber, sin conocerme como individuo. Lo grave, fuera de todo asunto personal, es que él no tiene documentos que citar (de tenerlos, los citaría) cuando pretende que en Cartagena sabían tanto de literatura moderna como en Barranquilla. Y también está el hecho de su ignorancia abismal de lo que eran los debates esenciales en la Colombia de entonces. Le falta, irremediablemente, todo ese trasfondo; desconocer ese trasfondo es condenarse a no ver en que era grande el joven GGM, y cómo podían formar una especie de masonería, sin conocerse a veces, gentes como [Hernando] Téllez, [Eduardo] Zalamea Borda, [Jorge] Zalamea, [Álvaro] Mutis, [Próspero] Morales Pradilla, GOG [Gonzalo Gonzalez], Wills Ricaurte, GGM, Alfonso [Fuenmayor], Germán [Vargas], [Álvaro] Cepeda, Eddy Torres —y otro antioqueño, [Alberto] Upegui Benítez, autor de un trabajo capital y fugaz en una revista bogotana que yo me sé. La reseña que le dediqué terminaba más o menos diciendo que no era más que un libro regional y regionalista. Puede alardear de que encontró dos textos de GGM que se me escaparon: yo pasé allá unos diez días. En cambio, él lleva toda la vida y no ha tenido las agallas, ni la clarividencia —ni siquiera la idea— de enfrentarse con la colección de El Universal para tratar de identificar, bajo el estilo aún a medio formar, las notas que GGM redactó y no firmó. En fin, a ver ¿cuál es la polémica de que habla? No prometo participar —cuanto más que mis reseñas sobre Arango y García Usta deben tener año y medio y para mí cerraron el asunto—, pero eso dependerá de cómo es la cuestión. En la entrevista que le hice (y que salió hace tres años, acá, y nadie, ni siquiera Santiago [Mutis], se atrevió a reproducir en Colombia), [Álvaro] Mutis decía cosas contundentes sobre lo trágico que es el desconocimiento en que la Colombia actual tiene al país de los años 40. García Usta está a ese calamitoso nivel, con sus rencillas municipales. (Que conste que yo leí con interés cosas de él, en revistas o suplementos; pero depende de si da o no la talla para ciertas cosas, y no la da para los trabajos ambiciosos; así que no tiene más remedio que dárselas de gallito de pelea).
No es que yo me sienta pura y fieramente barranquillero; así me siento, por cuestiones de afecto y de toda una experiencia intelectual muy formativa que viví allí (pude haber vivido algo parecido y distinto en otro lugar, pero fue allí, con el tono de allí), pero no solamente. Detrás está todo lo que sé —y pocos saben como yo (y me lo confirmó la entrevista a Mutis)— del proceso histórico e intelectual de Colombia en los 40 y 50; así es como es posible decir acertadamente por qué fueron grandes Mutis, y GGM, y Cepeda, y Obregón, y Botero y Grau; y comprender que el único intelectual colombiano que se la ha jugado toda es Jorge Zalamea; y comprender la acción nefasta de Gaitán Durán (antes de él, la de Arciniegas; después de él, la de Cobo); y explicar la deriva histórica del país hasta hoy día, cuando la derecha liberal logró quebrar el espinazo a López Pumarejo. Son temas graves; en este sentido los años 40 son todavía muy actuales. Si va por ese camino, la polémica puede ser útil, pero ¿tendré tiempo?
Aquí me quedo a la espera de noticias y material. Saludos a los cuates Miguel [Iriarte] y Joaco [Mattos Omar].
Hasta pronto,
Jacques
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LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 36
Enero-Febrero-Marzo de 2009
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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