Escrituras de madre e hija:
Del diario de Berta Abello
a los relatos de Marvel Moreno
Jacques Gilard
Université de Toulouse - Le Mirail
Al redactar de 1939 a 1984 el diario de su hija, Berta Abello produjo unas diez mil páginas manuscritas, infinitamente más que la hija, la novelista colombiana Marvel Moreno (Barranquilla, 1939; París, 1995). Eran trece fuertes volúmenes, de los que subsisten en la actualidad doce, por haberse perdido el correspondiente a los años 1950-1953. Interesante documento en sí, pero sobre todo muy útil para el conocimiento de la biografía de la escritora, ese "Diario de Marvel" también suministra claves para la comprensión de la génesis y del contenido de la obra literaria. A condición de someterlo hasta donde es posible a la contraprueba del testimonio escrito (incluso ficcional) u oral de la propia Marvel Moreno. A condición, también, de cuestionarlo desde todo lo que se sabe del proceso histórico de Latinoamérica, de Colombia, del Caribe colombiano y de la ciudad de Barranquilla. Con esa necesaria crítica externa se combina una fácil crítica interna, fundada en confesiones tardías que terminan revelando hechos largo tiempo silenciados. El diario muy posesivo llevado por Berta Abello sobre o a propósito de su hija —menos a nombre de ésta que en detrimento de su libertad y dignidad de niña, de adolescente y de mujer joven— es un discurso en el que campea una anacrónica representación de la sociedad: la que se había forjado una mujer que pertenecía a una élite en descenso, enfrentada con los reveses de fortuna de su propio núcleo familiar y con una evolución de todo su entorno social —evolución contra la que nada podía hacer y que no comprendía ni aceptaba. Convirtiéndose en una especie de vox Dei, Berta Abello se expresaba desde una norma supuestamente incuestionable: refiriéndose a sí misma en tercera persona cuando narraba ("la mamá de Marvel", "su mamá", o simplemente "Mamá") y usando la primera persona del plural para opinar, juzgar, criticar o condenar. Es, en pleno siglo XX, una visión criolla, aún muy colonial, sustentada por una mujer cuyo vínculo con la élite colonial resultaba improbable pero que también necesitaba ubicarse en su medio geográfico y social y en su época, para reconocerse una identidad y afirmarla frente al entorno. A través del diario aparecen una historia familiar y una experiencia social inmersas en el mundo mestizo del Caribe colombiano. Una memoria muy orientada y una ideología nutrida de rígidos prejuicios construían en ese diario nada íntimo, más bien anti-íntimo, un universo hecho de muchas ilusiones y frustraciones, así como de los apremios de una díscola realidad.
Silencios del diario
Berta Abello eludía en su diario todo lo que podía empañar una autoconsideración que oscilaba entre el prestigio aristocrático y la respetabilidad burguesa. Esta había sido el marco en que la familia —su rama femenina, sobre todo— conoció su apogeo con la antepenúltima generación, en un ya borroso final del siglo XIX, y la pérdida de la preeminencia económica y social la había ido convirtiendo en pretensiones casi nobiliarias. El presente y el pasado se recortaban en función de una excelencia moral inmune al deterioro de la fortuna material —hasta el punto de que no siempre se eludían las molestas manifestaciones de una recurrente escasez de fondos en la vida diaria de la familia.
Otros eran los hechos que Berta Abello disimulaba o deformaba según los casos, cuando amenazaban agrietar la tersa apariencia de bienestar y paz. Por ejemplo es solamente el 22 de octubre de 1955, en un momento en el que Marvel Moreno acababa de cumplir los dieciséis años, cuando hace su aparición en el diario un hermano natural, hasta entonces oculto. La adolescente había participado en un baile dado en la Base Naval de Cartagena, baile decepcionante —apunta la madre— porque los cadetes de marina pertenecían obviamente a las clases medias mestizas (los "chachanos", en el vocabulario de la diarista), "entre ellos León Moreno, hermano natural de ella, pero NO LO SABÍA. Y él mismo le dijo: 'Yo soy tu hermano'".
Tema particularmente álgido era la fe religiosa, capital para la muy católica (y muy supersticiosa) Berta Abello, cruelmente afectada por las señales de un paulatino descreimiento de su hija. Esta fue expulsada el 8 de noviembre de 1954 del colegio religioso donde estudiaba por haber hecho la apología del evolucionismo de Darwin —tal fue, en todo caso, la versión que la propia Marvel Moreno dio repetidamente a lo largo de los años— pero la madre sólo apuntaba el motivo económico que sirvió de pretexto: el padre debía tres meses de colegio a las monjas; es decir que Berta Abello, de la que no sabemos si comprendió el alcance del conflicto, eludió el motivo ideológico y prefirió la sin embargo incómoda explicación material. El 18 de noviembre de 1958, la definitiva pérdida de la fe se relata en el diario como si fuera un ínfimo episodio de la vida social. Marvel Moreno estaba citada con un agustino español encargado por el obispo de ayudarla a resolver sus dudas filosóficas sobre algunos puntos del dogma. Escribe la madre: "¡Quedó encantada con la charla! El Padre Manuel le regaló un libro escrito por él y le recomendó leer las Confesiones de San Agustín". Y añade que su hija fue luego a tomar "helado con pudín" en compañía de una amiga. Era una versión edulcorada de los hechos pues el consejero espiritual se había quedado en un brete, siendo incapaz de oponer más que el argumento de la fe a las preguntas de la joven —que entonces rompió con la religión.
Aunque nos centraremos más adelante en dos elementos del pasado, también vamos ver brevemente aquí que ese pasado de la familia podía eludirse en el diario. Pedro León Abello, el abuelo materno de Marvel Moreno y padre de la diarista, prácticamente no se menciona en esas páginas. Sin embargo era hijo de un secretario de Estado del presidente Murillo Toro, muerto en 1872, y él mismo había sido alcalde de Barranquilla, tesorero departamental y agente postal nacional. Debía haber dejado un recuerdo muy negativo a su propia hija (al parecer fue un tirano doméstico) y su viuda trasmitió principal o únicamente a su nieta, la futura escritora, la imagen de un incompetente capitán de vapores fluviales: Marvel Moreno lo mencionaba sólo como responsable de varias encalladuras de los buques que comandaba.
Visión criolla
El "Diario de Marvel" vale sobre todo por la representación de la sociedad que proponen sus miles de páginas. En ellas se expresa la convicción de ser la legitimidad en un mundo desquiciado. Una parte de la sociedad le parece a Berta Abello constituida de individuos inquietantes o peligrosos, que ella define habitualmente como "elementos", acompañando el sustantivo con el adjetivo "malo" o con su comparativo ("elementos de lo peor"). La norma moral y social la suministran la religión y el conservatismo —cuanto más autoritario, mejor—, capaces de poner orden en las mentes y en la calle. La nacionalidad no tiene más existencia que la que suministra la institución eclesiástica. Como la inmensa mayoría de la población, siendo de piel oscura, no es capaz ni digna de ser reconocida como ciudadanía, resulta inconcebible la idea de una nacionalidad colombiana. Si Berta Abello concibe una identidad (la suya), ésta es exclusivamente costeña y, mejor aún, barranquillera, vuelta a la vez contra los habitantes del interior (los "cachacos"), contra los coterráneos marcados por genes africanos e incluso, a veces, contra los extranjeros que sin embargo han contribuido al dinamismo de Barranquilla —un mito que Berta Abello asume con fervor. Al final, solamente queda la buena sociedad, que ella llama, usando con frecuencia mayúsculas, "la Sociedad" o "la Alta Sociedad". El 15 de mayo de 1941, participa en un té donde figuran personas "de lo más granado de la sociedad"; el 9 de julio de 1955, habla de "gente de alta alcurnia"; el 19 de junio de l968, Marvel Moreno "estuvo en una reunión […] donde el Señor Obispo, con los GRANDES de la ciudad".
El criterio racial heredado de la Colonia es la piedra de toque de todos los juicios de Berta Abello. Muy pronto se observa que la alegra ver que su hija adopta el viejo prejuicio. En enero de 1944, cuando la niña sólo tenía cuatro años, apuntaba la madre con satisfacción esta pequeña "gracia": "Paseando una tarde en automóvil por un barrio apartado de la ciudad dijo: '¡Papá! ¿Por qué paseas por estos barrios tan inmundos?'" Seis meses después, el 24 de julio, también le encantaba señalar que dos abogados cartageneros que acababan de visitar a sus padres eran definidos por la niñita como (mayúsculas) "UNOS NEGROS HORRENDOS".
La clase media suscitaba grandes recelos en Berta Abello. Eran los "chachanos" de sangre dudosa, y cuando ella estimaba que había habido una falta de respeto a la jerarquía natural que dictaba el criterio de la pureza de sangre, no vacilaba en hablar llanamente de (mayúsculas) "NEGROIDES" (6 de mayo de 1964). Para las clases populares, acudía a un sustantivo de la época colonial, aún hoy muy empleado en Barranquilla, y hablaba de "la plebe", calificándola con alguna insistencia de "inmunda". Un médico que intenta abrirse paso en la buena sociedad es definido como "infeliz plebeyo" (21 de abril de 1956). Si eran gente de color los que cometían una grosería, eran definidos como "asquerosos negros" (6 de octubre de 1957). El concepto de salvajismo asoma con motivo de una actividad caritativa: Marvel Moreno había ido a servir el desayuno a los "Niños pobres" que acababan de hacer colectivamente su primera comunión y escribía su madre: "¡Fue algo tremendo, que acabó con los nervios y la paciencia de todas! (¡Pues los pequeños salvajes, como no les servían ligero, les echaron tierra!)" (7 de mayo de 1956). En cambio, si se quedan en su lugar subalterno y manifiestan a la élite el debido respeto, las clases populares dejan de ser "la plebe" y son definidas como "el pueblo", a veces con mayúscula en la inicial.
Donde más rígidos se vuelven los criterios de Berta Abello es sin embargo ante la élite social, en el caso de los nuevos ricos, los advenedizos que un reciente encumbramiento económico ha llevado hasta la condición de socios del exclusivo Country Club. Entonces es cuando el buen nacimiento, soterradamente vinculado con la pureza o la impureza de sangre, sirve para juzgar a las personas, y discrimina en la propia élite los que son sin estar ya del todo y los que están sin ser de ninguna manera. El 20 de junio de 1955, después de un roce ocurrido en el Country entre su hija y otras adolescentes, Berta Abello cita cuatro nombres y comenta entre paréntesis y subrayando: "(estas dos últimas, hijas adulterinas; las dos primeras por su padre no son nadie)", y a continuación viene la mención de una joven más y de dos hermanas de otra familia: "(sus padres se casaron cuando tenía más de doce años, las X hasta ahora figuran pues eran paupérrimas a más no poder)". El 30 de julio siguiente, otras dos adolescentes suscitan comentarios parecidos; una es (mayúsculas) "esa MAL NACIDA" y la otra es (subrayado) "una negra ñañona y cuerpo de macho y una putica en ciernes"; una tercera es (mayúsculas y subrayado) una "POBRE REJARDIDA". Años más tarde, el 27 de junio de 1960, una joven del Country será definida como "la negra" X y otra como "la rejardida" Y (nombres y apellidos con toda la letra en el diario). El descenso económico y la pérdida de prestigio social que conllevaba traían como consecuencia una agudización del criterio racial en los juicios de Berta Abello. "Negras" eran las jóvenes del Country que suscitaban su desagrado y sus insultos escritos, mientras que las sirvientas de color tenían derecho a un afectuoso y paternalista diminutivo: una buena cocinera era definida como "negrita fina cartagenera" (enero de 1944).
La superioridad moral, vinculada de alguna manera con una excelencia genética, era el inconquistable baluarte de la aristocracia a que pensaba pertenecer per saecula saeculorum Berta Abello. El 30 de julio de 1954, lamentándose por haber descubierto que su hija fumaba a escondidas, redactaba una larga parrafada sobre el valor de la decencia y la decencia de sus valores, llegando por fin a lo que le parecía ser lo esencial: "Tuviste una Bisabuela (Da. Isabel Cazola de Falquez) y una Abuela (Da. Alonsa Falquez de Abello) venerables damas, respetadas y queridas de toda la sociedad Barranquillera. Tu madre fue amiga de toda la gente bien (de verdad) de dicha sociedad […]. ¡Nadie pues es MEJOR que tú! Algunas tendrán más dinero, pero NADA MÁS."
Civilización y amor
Para la conservadora "de tuerca y tornillo" y la beata que era Berta Abello, todo lo que tuviera que ver con el liberalismo olía a azufre. Odió particularmente al presidente liberal Alfonso López Pumarejo (1934-1938 y 1942-1945) quien intentó democratizar la sociedad colombiana y terminar con la estancada república criolla que era Colombia. Los liberales eran para ella gente de color y por lo tanto indignos de confianza y respeto. Su hostilidad se hacía extensiva a toda forma algo audaz de pensamiento, cuya sutileza se le escapaba pero que ella veía como inevitablemente vinculada con el pecaminoso liberalismo. Aunque sentía orgullo por las muchas lecturas de su hija, la aterraban sus consecuencias en los comportamientos de la joven. Ya el 30 de julio de 1954, cuando Marvel Moreno estaba cercana a cumplir los quince años y mostraba un fuerte afán de libertad, la madre la admonestaba en el diario, elogiando la verdadera libertad de la "decencia" y condenando la que reivindicaba su hija: "No la (libertad) del PERRO CALLEJERO que no conduce sino al descrédito, a la deshonra, al hundimiento moral y social."
Curiosamente, es la misma imagen del perro callejero la que vuelve a surgir, ocho años después, cuando Marvel Moreno, de 22 años, está iniciando su noviazgo con el que había de ser su primer esposo, el intelectual Plinio Apuleyo Mendoza. Escribe Berta Abello, el 7 de junio de 1962: "Marvel, según ella, está VIVIENDO SU VIDA. Amores de calle, Bares y Restaurantes, como corresponde a PERSONAS CIVILIZADAS. Amores en la casa son para las DESPRECIABLES PERSONAS BURGUESAS Y MEDIOCRES. ¡¡Tonta y ridícula Marvel!! Y los Policías, Choferes y Sirvientas, ¿dónde tienen sus amores?... ¡En la calle, hija mía... como los perros!" El concepto de "civilización", obviamente marcado por el estigma liberal, resulta muy negativo para Berta Abello, que no había leído a Sarmiento ni lo necesitaba por tener desde siempre su propio, sólido e inmutable sistema de pensamiento, nutrido en la predicación de la Iglesia y en el ideario del partido conservador.
Esta hostilidad a la "civilización" —a lo que ella consideraba como tal— repercutía en su manera de concebir el amor, la cual se expresa a cuentagotas en numerosas páginas del diario y también salió a la luz pública en unos artículos escritos bajo seudónimo para una revista creada por Marvel Moreno y dos de sus amigas en 1957. La efímera publicación (debía ser un quincenario pero desapareció en septiembre de ese año tras publicar solamente cuatro números en tres meses) se titulaba Nosotras y aspiraba a convertirse en una exitosa revista femenina. Como sus jóvenes redactoras se agotaban en la búsqueda de publicidad y no les quedaban mucho tiempo ni mucha energía para escribir, Berta Abello prestó su pluma y redactó bajo el seudónimo de Lydia una sección titulada "A tus oídos" en la que daba consejos para la vida sentimental de las mujeres jóvenes: un modelo de mogigatería, fundado en lo que llamaría ella cinco años más tarde "amores en la casa", pero también cruzado por todas las vibraciones de la pasión (nunca dice cómo podría actuar ésta) y coronado a la postre por una boda en la iglesia.
Contra todas las convicciones de su madre fue contra lo que escribió Marvel Moreno y su escritura contestó la incansable redacción del diario, ese diario que la asfixió durante años, por medio de un acoso y una posesión cercanos al vampirismo por no dejarle el más ínfimo resquicio de intimidad —al menos por intentar obstinadamente no dejárselo. Significativa resulta la forma como Marvel Moreno se enfrentó con los silencios de la familia, que eran también los del diario llevado por su madre.
Dos historias de familia y un cuento
El 24 de diciembre de 1948, Berta Abello apunta los aguinaldos que acaba de dar al servicio. Jabón de aseo para la cocinera y la sirvienta, y un reloj de pulsera para Tomasa Estrada. Esta siempre aparecerá definida en el diario, a partir de entonces y a lo largo de quince años más, como "vieja sirvienta de la casa". En los años anteriores no había mención de Tomasa, lo que significa que, en algún momento de ese año 1948, la diarista no dejó constancia del regreso inesperado de Tomasa: tras años de ausencia y de locura, regresaba un fantasma intranquilizador en el que encarnaba un molesto secreto de familia. La importancia del regalo de navidad revela qué lugar ocupaba Tomasa en la conciencia —mala conciencia— de la familia, y cobra mayor relieve el silencio sobre su regreso.
Tan importante, como obsesión callada, era la historia de Gastón Abello Falquez, tío carnal de Marvel Moreno, del que solamente había escrito Berta Abello, en las páginas inaugurales del diario: "Gastón murió de 29 años, soltero." Resultan muy novelescas la vida y la muerte de ese joven y se comprende que Marvel Moreno lo hiciera figurar, bajo la encantadora figura y el nombre de Eduardo, en su cuento "Ciruelas para Tomasa". En algún momento impreciso de los años veinte, Gastón Abello había desaparecido por unos dos o tres años y sus familiares, tras rastrearlo con mucha dificultad y ubicarlo en México, lo habían hecho regresar a Barranquilla haciéndole creer que su madre —la que iba a ser la abuela de la novelista— estaba gravemente enferma. Conviene añadir y subrayar que Gastón Abello Falquez había sido todo un seductor, con un gran número de conquistas, de solteras y de casadas, en la buena sociedad barranquillera. Adolescente, Marvel Moreno había descubierto y empezado a leer el diario íntimo de ese difunto tío don juan, diario que su madre, sorprendiéndola en plena lectura, había confiscado y destruido. Años después, el 17 de agosto de 1983, apuntaba Marvel Moreno en una de sus libretas los detalles de un sueño que acababa de tener; salvo la mención de una sangre que no se seca al cabo de muchos años y de una caja de música, este sueño no presenta interés sino por el comentario que suscita, en el cual Marvel Moreno cuestiona la versión que la familia daba de la tenebrosa muerte de ese joven:
(Pensé de inmediato al despertarme en la muerte de tío Gastón. Su huida: ¿huyó realmente del despotismo de su padre o de la ira de un marido engañado? La caja de música: ¿el diario suyo que yo encontré y en el cual relataba minuciosamente sus amores? O, simplemente, el radio, la zamba que mi abuela no podía escuchar porque Gastón la había estado bailando alegremente el día de su muerte durante la fiesta de matrimonio de su hermano Manuel. Cuando el radio la pasaba había que salir corriendo a apagarlo. La mise en scène: alguien, en plena fiesta, vino a avisarle a mi tío Roberto que le estaban robando el ganado. ¿Es que mi abuela sospechaba algo cuando le suplicó a Gastón quedarse en la fiesta en lugar de ir armado a ayudar al tío Roberto? Ese hombre extraño, casi fantasmático, que subió al autobús en una parada, se dirigió directamente hacia mí diciéndome que yo era la nieta de Alonsa porque me parecía a ella, y de inmediato me preguntó si yo sabía que mi tío Gastón se había suicidado. Dijo eso y se bajó a la parada siguiente. El tío Gastón, unos segundos antes de morir, confesándose, es decir, cerrando entre sus dedos la mano del cura para responder sí y negando tres veces haber puesto fin a sus días. Y ¿si realmente lo mataron? ¿Por qué la familia prefirió contentarse con la absurda historia del accidente? Qué cosa más terrible. Para mí, la sangre de ese tío muerto antes de mi nacimiento, no ha dejado nunca de correr.
No menos eludida por Berta Abello en su diario resulta la historia de Tomasa Estrada. Si la de Gastón Abello era una obsesión callada, la historia de Tomasa tiene todos los rasgos del secreto de familia, ya que Tomasa vivía en la casa de los Moreno y por lo tanto bajo los ojos de la niñita y luego adolescente Marvel, desde su regreso en una fecha imprecisa del año 1948 hasta su muerte acaecida el 10 de abril de 1963. La futura escritora había visto a Tomasa aparecer desde la nada —reaparecer, en realidad— y encontrar en seguida un lugar, nada más que teórico en verdad, entre el servicio de la casa. Había jugado con ella, siendo la única que podía aplacar sus peligrosos accesos de demencia y curándole una tenaz ulceración de la pierna que los médicos habían desistido de atender. Aunque apenas entraba en la adolescencia, Marvel Moreno también supo enterarse de que, antes de morir en 1952, su abuela había hecho jurar a sus padres que nunca abandonarían a Tomasa. Frente a un silencio que había intrigado a Marvel Moreno desde su niñez, la ficción ayudó a resolver el enigma. Dedicado a la memoria de Tomasa, el cuento "Ciruelas para Tomasa", cuya acción transcurre en la Bella Época, muestra a una Tomasa de origen plebeyo convertida en una refinada señorita de compañía, enamorándose del hijo de la familia y pasando a ser una amante correspondida en su pasión, pero luego violada por los peones de la hacienda (a instancias de un padre de familia tosco y despótico) y presa de una demencia incurable. La reacción de Berta Abello al leer el cuento ("¿Cómo lo supiste?") confirmó la intuición y las sospechas de Marvel Moreno. Ésta llegó entonces a pensar que Tomasa debía haber sido violada por un hombre de la familia materna, probablemente de la generación de su abuela, y que sus padres habían cancelado esa tremenda deuda moral hospedando a Tomasa hasta su muerte.
Las historias de Gastón y Tomasa, obsesión callada y secreto de familia, confluyeron en "Ciruelas para Tomasa", expresando la ficción por vías metafóricas lo que la familia había eludido u ocultado a lo largo de muchos años. Es posible pensar por otra parte que la figura del tío seductor inspirara también a Marvel Moreno un aspecto de su cuento "Oriane, tía Oriane", el más conocido de todos gracias a la versión cinematográfica realizada por la cineasta venezolana Fina Torres (Oriana). El lejano y enigmático personaje del lánguido hermano incestuoso, con su vida amorosa libre de prohibiciones, puede ser un eco reelaborado de la lectura incompleta que Marvel Moreno hizo en su adolescencia del diario íntimo de su tío.
Volviendo ahora a "Ciruelas para Tomasa", conviene señalar un elemento de alguna importancia, por demostrar que allí había una terca interrogante de su autora. Se sabe que salió el cuento en la revista bogotana Eco en abril de 1977 (No. 186, pp. 373-389) y puedo precisar que su redacción se había acabado en noviembre de 1976, momento en el que me fue enviada una copia mecanografiada (el 16 de noviembre exactamente). Pero el caso es que Marvel Moreno había intentado escribirlo ya en 1969, en los meses en que, por primera vez en su vida, se dedicó plenamente a la literatura y dio punto final al que sería su primer cuento publicado, "El muñeco" (en Eco, Bogotá, n° 112, agosto de 1969, pp. 418-423). De agosto de 1969 es un texto mecanografiado, "El fantasma", primera versión de "Ciruelas para Tomasa", versión dejada a un lado durante siete años antes de ser retomada y de desembocar en la forma que hoy conocemos.
El cuento exaltaba la libertad de amar por encima de los prejuicios de clase y raza, por encima de todas las crispaciones criollas. Restablecía, en la polisemia propia del texto literario, el significado que el grupo familiar en general y el diario de la madre en particular se obstinaban en borrar. Como toda la producción literaria de Marvel Moreno, “Ciruelas para Tomasa” desmitifica la cultura criolla que el diario de su madre seguía afirmando contra viento y marea. La obra en su conjunto ensancha la visión llegando a abarcar las frustraciones y las esperanzas de todos los grupos sociales y raciales de Barranquilla y del Caribe colombiano y va en busca de lo humano universal. Si Marvel Moreno preserva un valor como la indulgencia que su abuela profesaba hacia las conductas humanas, núcleo central de una ética a la vez señorial y femenina, combina esa indulgencia con el marxismo, el sicoanálisis, el feminismo y unas cuantas supersticiones costeñas. Al adoptar las ideas del segundo medio siglo y al asumir los valores vitales del mundo mestizo, la hija iba a escapársele al control de la madre y a subvertir por su propia escritura lo que la redacción del diario intentaba petrificar.
Referencias:
—Marvel Moreno (ed. a cargo de J. Gilard y F. Rodríguez Amaya), Cuentos completos, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2001, 442 p., Col. La Otra Orilla.
—Jacques Gilard & Fabio Rodríguez Amaya (ed.), La obra de Marvel Moreno, Viareggio, Mauro Baroni editore, 1997, 272 p.
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© Jacques Gilard
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 36
Enero-Febrero-Marzo de 2009
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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