Un maestro estudioso
de la literatura hispana
Lucía Duque Muñoz
Profesora de la Universidad Nacional de Colombia
Doctora en Historia – Universidad de Toulouse
In memóriam de Jacques Gilard, fallecido el 1° de noviembre de 2008 en Toulouse, Francia.
Tomado de El Espectador, Bogotá, Enero 5 de 2009.
Homenaje a Jacques Gilard, fallecido el pasado mes de noviembre.
La historiadora Lucía Duque recuerda al francés,
quien realizó durante años viajes desde su país hasta Colombia.
Este personaje se convirtió en uno de los máximos conocedores
de la obra del Nobel Gabriel García Márquez.
Foto: Archivo El Espectador
Jacques Gilard en 1978, durante una de sus constantes visitas a nuestro país.
Si Jacques Gilard leyera este artículo encontraría en él las fallas gramaticales del caso y lo criticaría con una minuciosidad placentera, cercana a aquella con la cual un gourmet disfruta una a una las distintas etapas de una cena. Sugeriría tímidamente uno que otro inciso que complementara las ideas y la información aquí enunciada pero, sobre todo, se reiría íntimamente de las fórmulas utilizadas en mi español tan “cachaco”, como a menudo me decía.
Así fue cuando por primera vez hablé con él por teléfono, en el año de 1996, en una conversación acerca de los documentos necesarios para que mi compañero de ese entonces, Felipe Angulo, y yo, nos vinculáramos al programa de posgrado (D.E.A. Estudios sobre América Latina) que él dirigía en la Universidad de Toulouse. “Perfecto profesor, en estos días le enviamos esos papeles”, le respondí cuando me pidió algunos certificados para la inscripción, “¿perfecto?”, me preguntaba y se reía suavemente de expresión tan formal. Supongo que disfrutaba sintiendo las diferencias en los acentos y las formas de hablar de los estudiantes de distintas ciudades colombianas que conversaban con él.
De hecho, Gilard conocía a muchísimos colombianos, en su mayoría caribeños, y, en menor proporción, “cachacos” y andinos. Había estado por varios años haciendo itinerarios entre Francia y Colombia, entre París, Bogotá y Barranquilla, mientras escribía su tesis doctoral. Con el tiempo, este trabajo se convirtió en punto de referencia para los estudiosos de la literatura hispanoamericana, en particular para quienes se interesan por el ambiente cultural que rodeó la aparición de la obra de Gabriel García Márquez, tema por el cual se había interesado con bastante anterioridad al otorgamiento del premio Nobel, desde los setentas.
García Márquez y el grupo de Barranquilla se tituló la tesis que sustentó en la Sorbona en 1984 y que dio origen a cuatro volúmenes en los cuales se compila la obra periodística del escritor colombiano, editados originalmente en Barcelona a principios de la década de 1980 y reeditados posteriormente en Bogotá, Buenos Aires y Madrid. A esta investigación se sumaron estudios y traducciones al francés sobre escritores como Ramón Vinyes, Marvel Moreno, Álvaro Cepeda Samudio, Plinio Apuleyo Mendoza e, incluso, sobre José Asunción Silva.
El vínculo que mantenía con Colombia —convertido con el tiempo en una viva nostalgia, a veces alegre y a veces ligeramente amarga o melancólica— se sentía de inmediato. Como si, a pesar de los años, una parte de él no se desprendiera de las brisas del Caribe colombiano. Su misma forma de ser, bromista, socarrona y tan poco formal, hicieron que, desde que lo conocí, lo percibiera a veces como un barranquillero exiliado, impresión que se agudizaba en los picos del invierno y que contrastaba con su encantador aspecto del sudoeste francés.
Su desparpajo y calidez nos sorprendieron a Felipe y a mí, cuando, un poco temerosos de conocerlo y recién llegados a Toulouse, fuimos por primera vez a su oficina y nos saludó diciéndonos: “Bueno, bienvenidos al tercer mundo”. Pues sí, Gilard casi siempre nos dejaba sin piso con sus comentarios. A continuación, nos habló durante un buen rato de las manipulaciones que hacía la “gente bien” de fiestas populares como el Carnaval de Barranquilla, con un nivel de detalle que al menos yo no había escuchado antes, en un castellano definido por uno de sus grandes amigos, Fabio Rodríguez Amaya, como “de una delicia suculenta”, despojado de acento galo e impregnado de una musicalidad suave y pausada, un acento que podría definirse como de bolero o de son.
“¿Doctor? En Colombia Doctor es todo hijueputa que usa corbata”, expresó una vez por los corredores del IPEALT (Instituto de Estudios sobre América Latina de Toulouse) cuando le pregunté sobre los colombianos graduados de Doctorado en Francia. Cuando lanzaba ese tipo de frases era difícil para mí, de veintitrés años por entonces, no sentir otra cosa que la fascinación y extrañeza producidas por un francés, oriundo de la misma región mítica de D’Artagnan, conocedor mejor que yo de algunas claves de la cultura colombiana.
Su interés por fomentar los estudios literarios, pero también históricos, musicales o políticos sobre Colombia, que animaba a través de la revista Caravelle: Cuadernos del mundo hispanoamericano y lusobrasileño así como en los seminarios que dictaba en la Universidad de Toulouse, fue aún más valioso en un contexto como el del latinoamericanismo francés, tradicionalmente dominado por la investigación sobre países como México, Brasil o Argentina. Por ello, como individualidad, Gilard se había convertido en una especie de polo de peregrinación para estudiantes de diversas latitudes, interesados en investigar sobre nuestro país para sus maestrías y doctorados. Así no fuera siempre como director, pero sí como interlocutor.
Difícil sería en este momento establecer con precisión el número de tesis sobre literatura colombiana que él dirigió y, más difícil aún, saber cuántas asesoró o comentó, pero es seguro que su mirada rigurosa, incisiva y tan poco oficial sobre el país, incidió sobre varias generaciones de estudiantes.
No creo que mi relación con él haya sido típica, más bien la considero bastante privilegiada pues, si bien él no dirigió mi tesis de doctorado, sí la leyó y la comentó. También me apoyó generosamente con la traducción y corrección de estilo del francés en varios fragmentos. Con el tiempo hicimos numerosos intercambios que eran entre académicos y logísticos pues, en los momentos en que yo me encontraba en Bogotá, le ayudaba complacida con algunas pesquisas de libros y revistas que él necesitaba para sus nuevas investigaciones sobre la décima popular.
Jacques Gilard nos hace y nos hará mucha falta. Difícilmente vamos a aceptar que se haya ido. Buscaremos numerosas formas de mantener con él un diálogo inacabable. Todavía tengo libros pendientes para mandarle por correo del antiguo, en particular aquel sobre décimas populares afrocolombianas que habíamos pedido a la Biblioteca Luis Ángel Arango de la sede Chocó, pero que al parecer se extravió en el camino. Tal vez algún día llegue impregnado de humedad.
Algo de la obra de Gilard:
Gilard escribió un libro sobre la obra de Vinyes titulado ‘Entre los Andes y el Caribe. La obra americana de Ramón Vinyes’. Medellín, Ed. Universidad de Antioquia, 1989.
Además realizó cuatro compilaciones sobre la obra de García Márquez: ‘Gabriel García Márquez: Obra periodística. Vol. 1. Textos costeños’. Barcelona, Ed. Bruguera. ‘Obra periodística. Vol. 2 & 3. Entre cachacos’. Ed. Bruguera, 1982. ‘Gabriel García Márquez. Obra periodística. Vol. 4. De Europa y América’.
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© Lucía Duque Muñoz
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Ensayo
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 28
Enero-Febrero-Marzo de 2007
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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