Lentamente humano...
Lucevan Vagh Owen Berg
Poemas tomados de Lentamente Humano...
En espera…
En espera…
me regalo al viento de los sonidos,
a los golpes de inadvertido calor aplacado,
a la piel blanca, aprisionada en algodón negro,
a la marcha infantil de turquesas nuevas
que se admiran de la sombra en piedra,
esa que lleva epitafios eternos…
En espera…
la vista, tiene maniobras
de ventilador autómata,
que busca de lado a lado
lo no llegado aún.
Mientras…
El interrogatorio mental
hace su propio juicio.
¿Dónde quedó la infancia,
sino en la columna vertebral?
¿Dónde empezó la vida primero,
sino en el ombligo descuartizado?
¿Dónde quedaron las voces
de los árboles,
que no conocieron el verdor?
¿Dónde renunció el silencio,
en su inútil lucha contra el hombre?
¿Dónde persistió el mundo,
en su desgastada desaparición?
En espera…
la tortura persiste,
y nada queda ante el olvido
de haber llegado tarde, despreocupado,
o quizás solamente
el de haber llegado
demasiado temprano.
A mal tiempo muchas mejillas
Vuelvo a sentir hambre,
hambre propiamente dicha,
dolor… hambre…
truenos infinitos.
Como gotas de lava en el estómago,
en el hígado, en las tripas,
en las vísceras sin fondo.
Como golpe, bajo el vientre dormido,
cansado, funestamente rematado
con saliva, flameado, reventado.
Allí nacen los laureles humeando
entre horrendo esplendor indeleble,
pausado, atmosférico, terrestre, ferulado,
corrosivo, desatado, torrentoso, anulado.
Idéntico a lo extraño.
Canta el carnívoro emergido
de febril tembloroso
y bulla… bulla…
bulla en la zozobra,
en los muros devastados,
en la flora orinada
donde arden los santos desraizados,
adentro y cruzados,
fermentados, sepultados,
y entre hiedras
y entre piedras
y entre espinos vomitados.
Vuelvo a sentir hambre,
hambre propiamente dicha,
dolor… hambre…
truenos infinitos.
Ser como la piedra angulada
y recibir los golpes de ser vida
y ser golpeado incansablemente,
y bulla… bulla…
bulla en la zozobra
y tener muchas mejillas
para repetidas veces
poder mostrarlas.
Supuesta armonía
Hablando de los tres elementos en armonía,
(Imagen, argumento y trascendencia)
busca el símil a su alrededor.
Rodea con la mirada su cuarto,
y analiza, como en una película,
los tres elementos:
La imagen, es austera,
son colores llamativos
y casi en orden.
El argumento marca la historia
de un ser libre,
de personalidad infantil,
aferrado a cosas absurdas
que evocan sus ensoñaciones.
Trascendencia, no la hay;
la casa es ajena
y eso significa
que está obligado a migrar…
Lo que es el hombre…
Yo debería sentirme identificado…
Con la suerte del asno
y su despectivo nombre.
Con el orgullo secreto de su sombra
y sus vértebras sagradas.
Con la tristura floreada en su piel
y la fuerza de no dejarse caer.
Y con los incontables latigazos
destinados en su carne.
Yo debería sentirme identificado.
Y por su incansable pesimismo
oculto en su memoria.
Por su nula exigencia
con el hambre, con su vivir.
Porque cegado da vueltas por el mundo,
creando otros mundos, siendo en su íntimo molino.
Porque tiene la vista puesta en el suelo
de camino adelante, con su vida a cuestas.
Porque tiene en su grito de rechazo,
fibras humanas no terminadas.
Porque vive inconsciente,
ajeno a su interior,
ajeno a su exterior…
Yo lo admiro.
Yo lo envidio.
Yo lo detesto.
Destino origen
Siempre fue vida...
La muerte, ausencia del conocimiento,
sólo es una palabra surgida de la ignorancia
de la laguna que nos aleja del momento antes
al del momento ahora.
Suele ser como las estaciones y el tiempo.
Y es que antes de tener cuerpo, carne,
sangre, huesos…,
somos en masa, lluvia ígnea,
atrapados, estáticos,
cada uno en espera...
Yo, una gota de fuego en esencia,
liberado de las jaulas de hierro
para respirar tocar sentir...
Tengo el leve recuerdo
de que vine para el propósito
más importante del mundo.
Como todos,
la esperanza está en cumplir nuestra presencia
antes de que las costumbres de los que fallaron,
de los que perdieron la llamarada grabada
por el sentido humano del error,
nos borre del interior
ese enlace de donde vinimos.
Igual que todos los que respiran en este mundo,
perdí ese deber del porqué estar aquí,
lo que no perdí
es la búsqueda de lo que debo hacer.
Ciertamente, es algo grave que nos extingue,
quizás nosotros mismos con falsas definiciones
que nos alejan más de lo que somos.
El hombre está perdiendo al hombre por ser hombre.
La humanidad, es un holocausto perdido.
O mas bien diría...
Somos cerdos que buscamos el abismo.