Murió Jacques Gilard,
el estudioso de Gabo y del Grupo de Barranquilla

Martha Guarín R.
Periódico El Heraldo, de Barranquilla

“Conmovido les comunico que hoy sábado 1º. de noviembre a las cinco de la mañana se ocultó definitivamente entre nosotros Jacques Gilard, el sabio occitano grande y modesto quien ha sido guía y maestro, pero ante todo, amigo (de ésos que ya no se encuentran) de nosotros”.

Con estas palabras Fabio Amaya, profesor del Departamento de Ciencias y Lenguas de la Cátedra Unesco, anunciaba a través de un correo electrónico que una mente brillante terminó su ciclo en este universo.

Gilard tuvo un nexo definitivo con esta ciudad como estudioso que fue de los personajes que integraron el Grupo de Barranquilla, ésos que se reunían en La Cueva hasta donde llegó procedente de Francia, su país natal, hacia 1983.

Aquí estuvo dos años rastreando como ‘ratón de biblioteca’, pero desde las instalaciones de EL HERALDO, las columnas ‘La Jirafa’ que escribió el Nobel Gabriel García Márquez , y que dieron como resultado el libro ‘Textos costeños’.

Asimismo profundizó sobre el escritor de Aracataca, compilando y analizando sus trabajos periodísticos en El Espectador, lo que lo llevó a publicar Entre cachacos. En un tercer tomo reunió la obra de GGM publicada en Venezuela y en Europa.

La misión del intelectual francés y crítico literario se centró además de Gabo en las letras de Álvaro Cepeda Samudio, el sabio catalán Ramón Vinyes y Marvel Luz Moreno.

También se ocupó de otros célebres intelectuales del Grupo de Barranquilla como José Félix Fuenmayor, Alfonso Fuenmayor y Juan B. Fernández Renowitzky, actual director consejero de EL HERALDO.

Gilard hizo amistades que aún mantenía a través de fraterna correspondencia, como con Tita Cepeda.

Aquí en Barranquilla, Gilard oyó música a todo timbal en los bordillos de las tiendas, supo lo que eran 38 grados de temperatura bajo los ‘palitos de matarratón’, pero ante todo se embriagó con las letras de las grandes figuras literarias del Caribe colombiano.

Vivía en Toulouse, Francia, donde murió, tras un cáncer de garganta que no le perdonó su afición por el cigarrillo. Ya pasaba los 80 años, pero se mantenía vital física e intelectualmente. Fue rector del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Toulouse y director de la revista Caravelle.

“Por su trabajo,
muchos trascendieron más allá del patio”

Ariel Castillo Mier
      Para El Heraldo

Me unió a Jacques Gilard una amistad entrañable que también tuvo un desencuentro epistolar a raíz de la publicación de una crítica suya sobre la narrativa de mi amigo Guillermo Tedio.

El ensayo me pareció demasiado duro, sobre todo porque Jacques había sido muy indulgente en sus reseñas con algunas obras que me parecían inferiores a la de Guillo.

En medio de los tragos, en una cantina cerca de Murillo, optamos por escribirle una carta y, al parecer, las frías afilaron la ironía del lapicero. Tiempo después Gilard respondió la carta —en eso fue ejemplar: en contraste con nuestra indisciplina o ingratitud epistolar, nunca dejó correspondencia sin contestar— y le dijo a Guillo que, en relación con su amigo, no debía llamarse Ariel, sino Calibán.

No obstante, cuando apareció, tras una larga e impaciente espera, la edición de Textos costeños, el primer tomo de la recopilación de la obra periodística de García Márquez, me senté a escribir una larga reseña que se publicó en dos partes en el Suplemento del Caribe.

Era la forma de agradecer esa estupenda revelación de los orígenes literarios garcíamarquianos tan ligados a la vida de nuestra ciudad y a la de Cartagena, y tan ignorados por todos. Luego, mientras yo estudiaba en México, pudimos retomar la comunicación gracias a dos amigos comunes, el escritor Eduardo García Aguilar y el profesor francés de literaturas prehispánicas Georges Baudot.

A partir de allí, mantuvimos una comunicación más o menos constante, que tuvo su episodio más memorable en el viaje con Tita Cepeda y Ramón Bacca a Toulouse, con motivo del Coloquio en homenaje a la obra de Marvel Luz Moreno.

Gracias a su trabajo crítico, académico y editorial, muchos de nuestros autores —Fuenmayor, Cepeda, Marvel Moreno, Julio Olaciregui— han logrado una trascendencia más allá del patio.

Gracias a su empeño, con las uñas, en estudiar la obra periodística de García Márquez, hoy disponemos de ese corpus tan revelador del proceso formativo garciamarquiano y su inserción en una tradición a la que dignifica. Fue uno de esos intelectuales-puentes que facilitan la comunicación entre literaturas de diversos idiomas como Mme. de Stäel, Arthur Symmons, Valery Larbaud, T. S. Eliot, Ezra Pound, Ernesto Volkening y Ramón Vinyes, entre otros.

En alguna ocasión me referí a él como el último miembro extranjero del Grupo de Barranquilla, el que se encargó de la reflexión tras el esplendor de las intuiciones geniales de los creadores. El primero fue, sin duda, el catalán Ramón Vinyes.

El consuelo que nos queda es que fue como un faro baudelairiano que iluminó caminos para los nuevos investigadores. Un legado que lo mantendrá vivo en la memoria de ese otro país que fue para él el Caribe.

Adoptó alma costeña y siempre quiso regresar

El investigador en arte y literatura Álvaro Suescún conoció a Jacques Gilard en 1983 en Barranquilla, junto a los poetas Miguel Iriarte y Joaquín Mattos.

Para mí él se convirtió en un Caribe puro. Hablaba como costeño, respiraba nuestra brisa en sus ideas, sentía como nosotros. Se divertía aprendiendo con nosotros, era su manera de tener un ancla con la Barranquilla de Gabo, al punto que sostuvo una muy seria discrepancia con Jorge García Usta, en las páginas de Viacuarenta, revista que dirigía Miguel Iriarte.

El escritor sustentaba que Gabo se formó como periodista en Cartagena, idea que Gilard desechaba al asumir que lo logró a través de su relación con Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas y la conducción de Juan B. Fernández.

Muchas veces quiso regresar a esta ciudad. Así se lo expresó a sus amigos barranquilleros en innumerables oportunidades en sus cartas, pero el sueño nunca pudo cumplirlo.


Murió Jacques Girald,
el hombre que presentó en sociedad
la literatura del Caribe colombiano

Fausto Pérez Villarreal
Periódico El Tiempo, de Bogotá


Jacques Gilard, critico literario fallecido el sábado a los 80 años.

Tenía 80 años. Falleció en la madrugada del sábado en Toulusse (Francia), víctima de un cáncer de garganta producto de su adicción al cigarrillo.

Jacques Gilard fue el crítico literario francés que dedicó buena parte de su carrera profesional a la investigación sobre la obra de Gabriel García Márquez y el denominado Grupo de Barranquilla.

Ex-rector del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Toulouse y director de la revista Caravelle, Gilard llegó a Barranquilla a comienzo de la década del 80.

Su permanencia en Colombia duró dos años, tiempo en el profundizó sobre el autor de Cien años de soledad y sus amigos de La Cueva, entre los que sobresalieron Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Ramón Vinyes y Germán Vargas.

El gran aporte de Gilard, con relación a García Márquez, consistió en haber recopilado la obra periodística que éste publicara en los diarios El Universal, El Heraldo y El Espectador, y que más tarde presentó, en formato de libro, en los volúmenes Textos costeños y Entre Cachacos. También sacó a la luz una recopilación de textos publicados originalmente por García Márquez en Venezuela y Europa.

Durante su estada en la capital del Atlántico, Gilard cosechó entrañables amigos como Teresa, mejor conocida como Tita Cepeda, esposa del inolvidable Álvaro Cepeda Samudio, y los intelectuales barranquilleros Ariel Castillo Mier y Álvaro Suescún Teledo. Este último resalta el gran impulso que Gilarad les dio a los escritores del Caribe colombiano en Europa:

"Gilard fue determinante para nuestros colegas compatriotas en el Viejo Continente. Por ejemplo, a Julio Olaciregui lo recomendó para que le publicaran por primera vez en Le Monde; Ramón Molinares Sarmiento y José Luis Garcés González son conocidos en Francia, gracias a la crítica que Gilard hizo de sus obras".

Ariel Castillo, crítico de literatura, afirma que "Gilard mostró cómo Barranquilla ha sido un faro cultural en Colombia. En un país conservador como el nuestro, Barranquilla ha cumplido desde 1917, con la revista Voces un papel renovador en la literatura, el periodismo, las artes plásticas y la música. Eso nos lo reveló Gilard a través de sus investigaciones".

El escritor y cineasta Heriberto Fiorillo, recuperador de La Cueva, dice sobre Gilard:

"Si un catalán, Ramón Vinyes, intuyó y estimuló la grandeza de García Márquez, otro catalán —Jacques Gilard— nos enseñó a desentrañarlo y valorarlo. Pionero entre los grandes analistas de Gabriel García Márquez, toda biografía de Gabo o todo estudio de su obra —y sobre la obra literaria del Grupo de Barranquilla— debe pasar por las revelaciones de Gilard. ¡Ah!, y darle el crédito. Celoso de sus descubrimientos hasta la exageración, llegó a polemizar con el mismo Nobel, con su hermano Eligio García y con Mario Vargas Llosa, sobre la precisión de fechas, el origen de un cuento o la impresión de un libro. Enamorado de Macondo, pasó largas temporadas en Barranquilla, la ciudad que él aseguró en el mapa literario del mundo y que le inspiró escribir también sobre la obra periodística de Álvaro Cepeda Samudio, la literatura de Marvel Moreno y una investigación impublicada sobre Ramón Vinyes, su compatriota."
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©  Martha Guarín - Fausto Pérez Villarreal
©  Ariel Castillo - Heriberto Fiorillo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 36
Enero-Febrero-Marzo de 2009

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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