Arena en el silencio

Vivian Astrid de Villeros
vivianastriddv@hotmail.com


Si te digo que no te quiero es mentira para ti. He tratado de comunicarme contigo, sin embargo tu teléfono se encuentra fuera de servicio. Por favor, si es posible llámame en horas de la tarde. Dejó de leer la misiva que él le había enviado a su oficina. La guardó bajo llave y quedó pensativa.

No sé en qué línea del tiempo me he perdido, le respondió. Por momentos creía que estaba viviendo lo que estaba ocurriendo y que de antemano conocía, más bien presentía, algunas cosas que, en efecto, sucedieron. En tal sentido, la carta no era extraña para ella porque ayer, como a las tres de la tarde, en algún lugar del sueño, estuvieron juntos. Lo vio sonriente y se besaron un rato, un largo rato en que doblaron las esquinas de la cordura y dejaron atrás las apariencias engañosas de los muertos de miedo.

Continuó escribiendo. Si de algo te sirve, aquí me tienes, sintiendo en la distancia tus malestares, por eso te llamé hoy, porque lo viví en el corazón. Daba por hecho que donde quiera que él estuviese, todavía la metáfora de pantalla mental funcionaba entre ellos; la comunicación compartida y ejercitada en silencio abriéndose paso en las esferas del tiempo y en las arenas del silencio.

Así había sido desde siempre. En el pasado reciente, pudo sortear varias situaciones, gracias a esa voz interior que murmuraba en su oído lo bueno y feo de alguna situación en particular. Voces, como la de él en particular, que suavizan la caricia. Tu voz, subrayó en el papel, suele confundirse en las cuadrículas del pensamiento y de las voces retenidas en la memoria auditiva, en la memoria que almacenan los objetos y las cosas viejas.

La simple manía de releer lo escrito la hizo pensar en una fecha aleatoria para el envío de la carta. O para la postergación de la misma. Sin embargo, era evidente que los otros canales entre ellos estaban dispuestos para lograr una comunicación eficaz. El lenguaje que no engaña —el del corazón— hizo estallidos en la mente abierta a la lejanía y a las displicencias que se mueven como las voces areniscas que —con más frecuencia de lo que queremos— hallamos en el murmullo del viento. 
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©   Vivian Astrid de Villeros

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 36
Enero-Febrero-Marzo de 2009

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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