Canción ilustrada
de ciertas tardes

Ricardo Alfonso Pacheco
raps_05@hotmail.com
Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Atlántico


En este corto borde del mundo
a veces llegan temprano las tardes
como sopladas levemente desde muy lejos,
como adornadas con un brillo gradual de sol
y con un calor fraguado en la nieve
que trae dos alientos yuxtapuestos.

Son periodos especiales
que parecen gritar la melancolía entera del Caribe,
la naturaleza malherida por el ruido,
un momento de formas de paz,
unas paces para la beligerancia
de nuestra pregunta y las malas respuestas.

Yo, por ejemplo, camino
porque soy de la libertad del aire
que camina desapercibido,
inhalo la melancolía,
que un sentir propio convierte en música
que escribo a manera de versos.

Es un regalo señero
para turistas cansados de su fragancia local,
son zapatos que todos podemos calzar,
la muerte más hermosa
que pueda descubrir la soledad
de los melancólicos.

Quisiera regalar más
la oportunidad de verlo
pero creen que la canción mustia es anodina
tal vez por lo mohína,
tal vez por lo común
más no por estar vivida.

Si supieran que paso a paso
vi crucifijos sublimes como estatuas
y una danza de naves espantando el polvo
donde únicamente palos
y camiones en un parqueadero
buscaban puestos, saliendo.

Y un singular carnaval de hombres
jugando al  ciudadano
en un teatro de niños,
y árboles con faldas
ajustadas con una brocha
y mujeres enamoradas de la melancolía.

Todas estas tardes
son de la poesía,
vienen de lejos, de sus propias entrañas
para dar treguas,
para embrujar afuera
lo que necesitamos dentro.


Cereza

La fuerza, el diablo, los huesos, el odio
que sobrellevas dentro igual que todo,
lo que pesa menos pero da más miedo
que la fiereza, el desenfreno
y los gatos, la perra y el saltamontes
que se deja montar para el viaje
y el recuerdo de los gatos en los ojos
y la perra en las frentes,
que no son una porque cada día
Ladras con otro color.

El barrio de abajo, la casa
con tus hermanos fresa cereza
y tus papás marrón y mostaza
en la mesa leyendo
y sacando las cuentas
de los servicios y la U
y de tu cámara sedienta,
de su lengua malograda
Con mi retrato bajo el sol.

Tu almohada, tu esperanza,
los chavitos, presumirte
pelando la panza, y la muñeca anillada
tendiéndome citas y risas baratas
que no sé cómo se escriben ni tampoco besarlas
porque temo que una perra naranja
y los gatos todos me salten encima
rabiando en mis carnes firmes, opacas,
soleadas, naranjas,
trinchadas.

Tus fotos, la importancia
de tus fotos y chavitos
acordonados al ceniciento,
moreno y chiquito
pie-garra de monte,
que gozo y que siento
no gozar de repente,
que estiro y no alcanzo,
no alcanzo aunque estire,
El mío, gigante, el suyo, chiquito,
dulce y brillante con un guiño de estrella,
meciéndosele siempre
a mi cara de zorra.


Cuestión de amor,
imagen y sonido

A la innombrable.

Ayer no viniste,
tuve que caminar a aquel lugar y esperarte.
Ojalá lo hubiera sabido
y no hubiera perdido las horas,
con tu falta de presencia, o la falta de tu presencia…
Quiero  decir (me) que no hubo tu nombre,
que es algo más, materia viva,
y debe ser secreto porque de no serlo,
podrías ser cualquiera.

Pongamos que tu nombre suena como suena Jessica,
lejos de Barranquilla,
tal vez en el interior,
y así sí se parece a ti,
que lo portas, con un desapego tal que pareces humilde.
Entonces ayer no hubo Jessica, porque tu presencia no fue,
(de ser, no de ir),
aunque tenías que venir,
o ir.

Todo el tiempo que tienen dos horas
lo gasté esperando
a que te construyeras rápidamente en una esquina,
A que te destruyeras de lo invisible
A que en una cortina de humo
—que me figuro para imitar la sorpresa—
de repente me nombraras imágenes
divertidas para la poesía,
que siempre se ríe con el estomago bendito.

Sin Jessica no sale el sol en estas noches
ni tú podrías ser ella,
y menos sin traer a esta noche aquella noche de cerveza
porque por esa
dejó tu nombre de ser común, aún siendo Jessica,
Jessica, que es como a mí me suena el secreto,
con fuerte entonación y una cadencia repleta de sensualidades,
de recuerdos que no costaron dinero
pero sí esperarte.
Ahora, cada noche,
en las calles oscuras
y obscuras.
________________________________________
©   Ricardo Alfonso Pacheco

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 36
Enero-Febrero-Marzo de 2009

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v9n36tardes.html